El sábado el Teatro Gayarre ofreció un nuevo espectáculo dentro de su Festival. Las Otras miradas, en este caso, era el teatro de mimo. Prometieron un espectáculo de primer nivel, único en su género, y la verdad es que así fue. Un trabajo excepcional de la compañía de tres mimos ucranianos, que utilizan el papel para ofrecer sublimes momentos de humor y de poesía.
El trío juega con los papeles, juega con el público (que entró al instante en sus provocaciones y sugerencias) y ofrece un espectáculo que llega muy rodado, pues miden a la perfección todos los movimientos y situaciones, los sonidos y músicas que refuerzan cada acción (demostraron contar con un excelente técnico) y hasta la forma de ir cortando el telón de papel con el que fueron creando cada número.
La escuela rusa de circo ha sido siempre puntera, quizá porque siempre apostó por lo artístico antes que por el riesgo físico, y sigue siendo la gran cantera de artistas de carpa. Estos tres payasos demostraron todas sus habilidades en mímica, gesto y acrobacia, una maravillosa capacidad de expresión sin palabras, una cintura única para improvisar con los espectadores (la hilarante redistribución de las gafas, la guerra de bolas de papel, el “robo” de prendas y bolsos…), pero sobre todo unas dosis de ingenio tan excepcionales que el público acabó maravillado. La larga despedida final, con esas tres tiras de papel -un folio, un mantel y una enorme tira sucesivamente- recorriendo el patio de butacas fue encantadora.
Un espectáculo excelente, de los que justifican por sí solos el esfuerzo de organizar un festival internacional… Y apenas 350 espectadores en una tarde más bien tonta (no había otras ofertas de ocio de tirón en la ciudad). El público pamplonés sigue algo reticente ante lo desconocido o inhabitual, que llega sin mucha “prensa”. Hay un largo trabajo que queda por hacer y el Festival necesita más ediciones para continuar esa pedagogía. Apuesto a que dentro de 5 años, esta compañía vuelve y hay tortas por conseguir una entrada.