La compañía navarra La Llave Maestra cierra el Festival Teatro Gayarre Otras miradas, otras escenas con el estreno, el viernes a las 20.00 horas, del espectáculo Delirios de papel, una propuesta que, a partir de un elemento aparentemente sencillo y cotidiano, crea un universo loco, onírico, poético y mágico.

El único elemento que verá el público cuando el Gayarre suba el telón es gran hoja en blanco. Un lienzo virgen e inanimado del que a lo largo de setenta minutos irán emergiendo microhistorias de todo tipo, cómicas, surrealistas, sugerentes, dramáticas, absurdas…

“Todo surge del papel, el público suele estar esperando a qué será lo siguiente y eso nos encanta”, explica Edurne Rankin, una de las componentes de la compañía, que ya anticipó parte de este trabajo el año pasado durante el ciclo de Pequeñas Obras del Gayarre. Entonces, pusieron en escena Bestiario, con máscaras; Fragmentos de un día cualquiera, con máscaras humanas, y Delirios de papel.

Posteriormente, lo que se inició como una unión temporal de artistas con las mismas inquietudes, se convirtió en compañía estable, bautizada como La Llave Maestra, cuyo primer paso fue realizar una versión larga de su primera pieza corta, Bestiario, historia de un niño domador de seres imaginarios, que se estrenó en febrero en la Escuela Navarra de Teatro.

Ahora han decidido alargar y dar una nueva entidad a Delirios de papel, una propuesta cuya fuerza reside en su forma, en la puesta en escena, ya que la obra carece de texto y sus cuatro protagonistas se sirven del papel y de una serie de objetos como máscaras y marionetas para generar distintas situaciones que pretenden despertar la risa, la curiosidad o la imaginación del público. En este sentido, como dice el director del montaje, Álvaro Morales, lo importante no es tanto realizar un análisis racional de lo visto, sino “dejarse llevar por las emociones” y quedarse con la sensación de alegría, creatividad y espíritu lúdico”.

Y es que la idea de juego está muy presente en este espectáculo que supone un reto para los intérpretes. “Partes de cero, del papel en blanco y aunque hay momentos en que este mismo material puede parecerte una limitación, en otros te abre puertas y te lleva a sitios inimaginables”, apunta la actriz Izaskun Mujika, que en esta ocasión no puede estar sobre el escenario debido a su embarazo y ha sido sustituida por Aintzane Baleztena, que, dada su experiencia en la danza y el circo, “estaba acostumbrada a manejar objetos para los malabares, pero esto es otra cosa, desde fuera parece fácil, y no lo es en absoluto”.

De hecho, todo lo que concierne al espectáculo ha sido creado por los miembros de la compañía y los ensayos han durado un año en el que han trabajado de manera colectiva y “con total libertad”, creando mucho y desechando otro tanto para poner en pie este espectáculo que, en el fondo, es “una invitación a jugar” para adultos. “Siempre se suele asociar lo lúdico con el teatro infantil, cuando todos tenemos ganas de jugar, de reír, de vivir”, dice Baleztena. En la misma línea, Morales dice que la obra “apela al derecho a delirar, a dejarse llevar por lo imaginario, a entrar en capas no racionales, en universos abiertos e interpretaciones múltiples”. Todo, a partir de una hoja en blanco.