El Teatro Gayarre cierra su programación de teatro para adultos de este trimestre (queda un concierto pop y la programación de teatro familiar navideña) con la compañía Teatro El Cruce, que ofrece La fiesta de los jueces, versión libre del clásico alemán El cántaro roto, de Heinrich von Kleist, y que llega a Pamplona versionado y dirigido por Ernesto Caballero.

Encabeza el elenco Santiago Ramos, que hace ahora un año, también en diciembre, brilló en el Gayarre con Noviembre, de David Mamet, donde encarnaba a un presidente de los EE.UU., corrupto y sinvergüenza, como el personaje del juez que trae ahora a Pamplona. Le van al pelo los canallas.

La obra se puede ver hoy viernes y mañana sábado en el Teatro Gayarre, a las 20 horas, con entradas a 19, 15 y 8 euros. Quedan entradas a la venta.

“Forma parte del teatro ser un Pepito Grillo y escocer algo para que produzca una reacción. Fustigamos a un estamento que se había ido de rositas en el teatro, casi no había aparecido sobre el escenario: los jueces españoles”, declara Caballero en declaraciones que recoje Diario de Navarra.

“Con el pretexto de la obra de Von Kleist, he imaginado el fin de fiesta de un acto institucional de la judicatura, en el que los jueces estrella representan El cántaro roto. Ahí surgen sus conflictos y obsesiones, que son los que vivimos en el día a día. Se inscribe en el teatro satírico de aquí y ahora”, explicó el director.

Los jueces no salen muy bien parados en esta sátira. El protagonista, Santiago Ramos, interpreta a un magistrado que termina prevaricando en un enredo de faldas. “La justicia se ha convertido en el campo de batalla de los partidos políticos”, opinó. “En la obra nos reímos de un estamento muy politizado, porque la obra termina con los jueces reivindicando la justicia de autor. Se percibe un afán por interpretar subjetivamente las leyes para arrimar cada uno el ascua a su sardina”, continuó Caballero, quien recordó también que al estreno de La fiesta de los jueces acudió gran parte de la judicatura. “Aceptaron la obra agradablemente porque se reían y decían “¡Cómo son mis compañeros!”.

En el montaje aparecen jueces tan mediáticos como Baltasar Garzón, y tramas como el estatuto de Cataluña, el caso Gürtel o el de la corrupción popular en Palma. Y también reproducen frases literales. “Los magistrados han dicho muchas perlas que hemos incorporado en nuestro trabajo. Como la de un juez que responde a otro que se queja de que no se puede expresar en catalán en algún acto. “Para ser juez en Cataluña es necesario saber catalán, de la misma forma que para ser juez en Sevilla hay que bailar sevillanas”, apuntó el director de la obra.

Santiago Ramos aseguró ayer que no se habían ensañado con los jueces porque tienen las luces y sombras del resto del país. “Me gusta esta mirada a los jueces a la misma altura, sin pretensiones. Aunque duele, el país es así, y los jueces se parecen a nosotros. Como los controladores, que no son marcianos”. Caballero también incidió en esta idea: “Nos identificamos con los jueces en la incapacidad de ponerse de acuerdo, en poder cooperar incluso para definir el texto de un brindis”, concluyó.