Ver cantar a Tony Blair “soy Evita Perón” o ser testigo de cómo Gordon Brown declara amor eterno a Blair, es posible en el popular festival Fringe de artes escénicas que se celebra anualmente en la ciudad de Edimburgo. Se puede ver cantar a Tony Blair y marcarse un baile con Gordon Brown a lo Fred Astaire y Ginger Rogers en el Fringe, el mayor festival de artes escénicas alternativo del mundo, que se convierte anualmente en uno de los principales atractivos turísticos de la capital escocesa.
“Seré Simón para tu Garfunkel” es una de las frases que Tony Blair le llega a decir a su enamorado, Gordon Brown, en Tony Blair – The Musical, que producido y dirigido de forma amateur por un avispado estudiante de Cambridge, se ha convertido, junto con otro musical (¡Tony! The Blair Musical), en el espectáculo revelación del festival independiente más importante de Europa.
Tal es el éxito que han alcanzado estos dos musicales, que ambos han llegado a convertirse en noticia. Desde El País hasta la británica BBC han publicado lo rentable que ha resultado relatar de forma ácida y critica, las desventuras del que hasta hace apenas unas semanas fuera el inquilino del número 10 de Downing Street.
Pero el éxito de estos musicales también reside en la crítica que realizan sobre la gestión llevada a cabo por Tony Blair en la guerra de Irak. De esta manera, en ¡Tony! The Blair Musical aparece, el ahora reconvertido enviado especial para Oriente Próximo fuertemente atormentado a raíz de los desastres que acontecen a diario en Irak. Como en la vida real, Blair tampoco logra en estos musicales deshacerse del fantasma de la guerra que el mismo promocionó.

Éxito de Edimburgo

Si el Festival de Edimburgo puede exhibir en tres semanas cifras espectaculares, dignas de récord -20.000 representaciones, 2.500 espectáculos, 300 salas y 10 festivales-, es precisamente gracias al Fringe, que ofrece diariamente representaciones de unos 1.500 espectáculos desde las 9.30 horas -con té o café, pastas y bacon incluidos en el precio de la entrada-, a las tres de la madrugada, shows para trasnochadores al estilo del Club de la comedia.
Sobrevivir al Fringe no resulta fácil, y ante el volumen de la oferta conviene dejarse aconsejar porque la posibilidad de encontrar un buen espectáculo es la misma que la de acabar viendo un auténtico bodrio. Diversas publicaciones gratuitas recomiendan cuáles son los mejores espectáculos y el periódico local The Scotsman publica una guía diaria con una selección de lo mejor y lo peor, según los críticos del rotativo, para no errar en la elección. Pero es la fuerza mediática de algunos espectáculos, principalmente por el tema que tratan, como en el caso de Tony Blair, lo que los convierte en los más deseados. Tony Blair-The Musical y ¡Tony! The Blair Musical son dos de los que diariamente agotan las localidades.
Tony Blair-The Musical repasa en tono de comedia y con banda sonora el legado político del ex inquilino del número 10 de Downing Street. Es un musical de pequeño formato, de factura amateur, creado en su triple faceta de director, compositor y actor (en la obra interpreta el personaje de Gordon Brown, actual primer ministro) por James Lark, un avispado estudiante de Cambridge con sentido de la oportunidad que trata de abrirse camino en el mundo del espectáculo. Las melodías son simples y facilonas (al final todas acaban pareciéndose) y la trama, en exceso irregular para atrapar la atención del público en los 90 minutos que dura. Con todo, hay momentos antológicos como el baile a lo Fred Astaire y Ginger Rogers que se marcan Blair (interpretado por un impagable Nathan Kiley, el mejor de los siete intérpretes) y Gordon Brown mientras se declaran amor eterno en una canción que incluye frases como: “Seré Simon para tu Garfunkel”.
Más sátirico y oscuro, Tony! The Blair Musical repasa la parte más humana del ex primer ministro británico de la mano de Chris Bush, autor del texto, y Ian McCluskey, compositor de una banda sonora más elaborada que se mueve en el registro del acid rock. Presentado como un ser humano imperfecto atormentado por la gestión en la guerra de Irak, éste es un Blair sentimental que busca consuelo en el fantasma de la princesa Diana mientras canta “Soy Evita Perón”.