El martes 4 de agosto abrirán La Fura dels Baus y el Orfeón Pamplonés abrirán la Quincena Musical Donostiarra con una espectacular Carmina Burana, la cantata de Carl Orff.

Este montaje, del que se ofrecerá una segunda sesión el miércoles 5 y que también se representará en Barcelona a finales de año, comenzó a ensayarse el pasado lunes en el pabellón Anaitasuna de Pamplona; ensayos que continuarán hoy, con el montaje completo, y que se completarán la semana que viene en el Kursaal, ya con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León en el foso.

Esta Carmina Burana, concebida como un proyecto a largo plazo sostenido por el Orfeón Pamplonés, la Fura dels Baus y la agencia Cámera, probablemente marcará, según apunta Igor Ijurra, director del Orfeón, “una antes y un después en la trayectoria de esta institución”. Y para que así sea, el coro lleva realizando sus propios ensayos musicales desde “el mes de junio, y de manera más intensiva durante la primera semana de julio.

El lunes, Carlus Pradissa (director de La Fura dels Baus) explicó al coro las líneas y el concepto del montaje; el martes comenzamos el trabajo musical, con la participación del grupo de 12 chicas que desarrollan una escenografía especial y de los jefes de cada cuerda; y hoy (por ayer) comenzamos realmente el ensamblaje del coro grande con el pequeño e incluso con los movimientos de los solistas”. Todo ello destinado a dar forma a una Carmina Burana “diferente, pensada para ser semiescenificada y no sólo cantada. La representación incluye grúas, proyecciones y elementos industriales “, apunta Igor. Y, precisamente, este movimiento de las voces e incluso cierta improvisación en escena representa la parte más complicada para los orfeonistas. “Es una obra cuya característica principal es el cambio de ritmo y de tempo; es decir, tiene mucho dinamismo y por eso gusta tanto. De hecho, es una pieza de la que las personas que nunca han escuchado música clásica o coral se quedan prendadas”.

Carmina Burana (Las canciones de Burán, localidad inglesa donde se descubrió el cancionero medieval profano), parte de los textos y música del siglo XII escritos por los goliardos (monjes que no llegaron a profesar o que abandonaron los hábitos, que eran juglares ambulantes con formación, pues sabían leer y cantar, y cierta vida disoluta) en antiguo francés, alemán y latín que hablan de la rueda de la fortuna, del sol, de las tabernas o el amor, con un toque marcadamente erótico e incluso lascivo.

La representación incluye sobretítulos en euskera y castellano.