Habilidades sociales podría subtitularse “o de cómo cagarse en Jorge Bucay y en todos los dementes que leen sus libros de autoayuda sin partirse el bazo de la risa por las memeces que suelta con frases pomposas y huecas escritas con ínfulas de ensayista”. Se exhibe hasta el 9 de diciembre en la Sala Itaca de Madrid, a ls 20:30 horas de jueves a domingo. No se la pierdan.

Nadie al que le guste el teatro debiera perdérsela, repito, y no sólo ante la apática cartelera de Madrid, sino porque es una obra excelente de un autor importante, Javier de Dios, quien el año pasado ganó el Euskadi de Literatura por su anterior texto teatral, Comida para peces (primera vez que se entrega este premio a una obra teatral y primera vez a un no vasco). Comida para peces, una obra sobre el mobbing en las empresas, sin concesiones, sin finales redondos… ya ven por dónde va el autor.

Habilidades sociales no precisa mas que de una jaula de cristal y cinco asientos por toda escenografía. Una pecera de lujo que la iluminación demuestra no ser tan transparente como nos pensábamos. Cuatro personas acuden a una sesión de autoayuda, a mejorar su autoestima, a ganar confianza, a controlar los impulsos, inteligencia emocional, ya conocen, toda esa basura… Cuatro seres aparentemente grises, como la escenografía, como su vestuario, como su vida, dirigidos por una terapeuta de preocupar, una cantamañanas cuyo pelo rojizo pone la única nota de color en todo el escenario. Una profesora incapaz de imponerse al alumno que la humilla a diario, una víctima del mobbing, un licenciado que no soporta las entrevistas de trabajo para empleos de mierda ni siquiera mil euristas y un actor que no actúa (sobre el escenario).
No quiero desvelar mucho más, pero allí nada es lo que parece del todo, y no todo el que lo pide necesita esa ayuda. El autor, que escribe de forma brillante y dirige con pasmosa facilidad escenas complicadísimas donde se requiere ritmo y limpieza, aunque todos hablen a la vez, es perfectamente consciente de que en este tipo de entrenamientos de la emoción subyace una profunda carga ideológica, que además es inmoral: te ayudan a adaptarte a la sociedad en la que vives, a superar la mierda en que determinados comportamientos te envuelven en vez de cuestionarlos, luchar por cambiarlos, por combatirlos, por ponerlos en evidencia. Nunca lo expresa abiertamente Javier de Dios, su escritura es finísima, pero cada uno de los peronajes, en el fondo, lo está expresando con gestos, con silencios, con medias verdades, con sus happenings en sesiones cada vez más claustrofóbicas.

Esa es otra. La Barca teatro son cinco actores de primer nivel que llevan juntos más de una década trabajando en ditintos montajes. La conexión entre ellos y con el director es brutal. Y se nota. Es imposible si no una representación tan cerrada, tan perfecta, tan encajada como un cubo de Rubick, sin una fisura, se muestre ante el público con una apariencia tan improvisada, tan informal. Como no salen el teleseries ni encabezan repartos en los teatros nacionales, es de justicia poner sus nombres: David Díaz, Juanma López, Ramos López, Esther Ramos y Jorge Cachero.

No se la pierdan. Sala Ítaca. 12 euros. Metro Palos de la Frontera. El nombre del suburbano a tono con Habilidades sociales: una obra fronteriza, sobre ciertos límites que deberíamos atrevernos a cruzar, que da un soberano palo en la boca del estómago a tanta farfulla, a tanta psicología de baratillo para marujas y manolos. Y a tanto teatro sin ambición.