En 1989, La Cubana estrenó uno de sus montajes más exitosos, que pasó un año después por el Teatro Gayarre: Cómeme el coco, negro. En 2005, este montaje divertido y participativo fue reclamado por el Festival de Edimburgo y su director, Jordi Millán, trabajó unos meses con actores británicoas para su puesta en escena, con pequeñas modificaciones (fundalmentalmente, trasladando los referentes de la revista española al music hall y cabarés británicos).
Tras esa experiencia, Míllán apostó porque volver a montar para el público español esta obra, la primera que reestrena La Cubana en sus 25 años de historia. Entiende su director que quienes no asistieron a aquella primera función “se sorprenderán con muchas de las situaciones que contiene la obra” y los que ya la conocen “la disfrutarán de otra manera”.

En escena desde hoy miércoles y hasta el próximo día 1, a las 21.00 horas cada noche, con entradas a 25 y 20 euros. Hay que recordar a los espectadores que pueden acudir con tiempo suficiente al teatro para ver la exposición del 75 aniversario del Teatro Gayarre, que continúa exhibiéndose en las dos salas del teatro.

Cómeme el coco, negro es, a juicio de Milán, un espectáculo “emblemático que nos abrió las puertas al gran público” y que, además, “habla de teatro, de ese teatro artesanal que hacían las compañías ambulantes de las que nosotros venimos”, de ahí que, añade el director, sea el montaje idóneo para celebrar 25 años en escena. Un cumpleaños que arrancó en 2006 con una propuesta especial en Barcelona que reunió a todos los intérpretes que han pasado por el grupo durante este tiempo y que continúa en 2007 con una gira que pretende agradecer la fidelidad del público de siempre y descubrirse ante los nuevos espectadores.
Y, para ello, qué mejor que un espectáculo como éste que homenajea al género de la revista, “que en el momento del estreno daba sus últimos coletazos en el Molino de Barcelona y La Latina de Madrid y del que ahora no queda nada”, opina Jordi Milán, que lamenta el maltrato que ha sufrido este formato que en sus inicios era “divertido y entrañable”. Un género notable, en su opinión, porque fue “muy alegre, marchoso y descarado”, en el que la “música, las canciones, las picardías y las dosis de humor” deleitaron al público de principio del siglo pasado hasta que llegó la “censura franquista”. Milán insistió en que es un tipo de teatro “muy cotidiano, que está en la calles, en los bares”, de ahí “esa conexión con el público”, ya que “sin darte cuenta es un juego en el que cada uno coge su papel”.
Así, la propuesta de La Cubana recupera números típicos del music hall español como los temas del maestro de Prada o coplas como Compuesta y sin novio, En tierra extraña o Soy minero, de modo que, aunque “sí hemos adaptado el texto original, cambiando personajes y actualizando algunas cosas”, cuando ves el montaje “te parece que es el de siempre”. A la vez, según Milán, la obra conserva su esencia de humor y sorpresa, además de un espíritu participativo que en ningún caso molesta al espectador, ya que “es como un juego de niños y la gente no se da cuenta de que participa”, dice el actor, que destaca la “gran comunión que se produce entre actor y espectador”.
Y, de estos 25 años en escena, el intérprete y cofundador de La Cubana dijo sentirse muy satisfecho “porque hemos podido hacer lo que hemos querido” y, además, “hemos conectado con el público sin proponérnoslo”. No en vano, Cómeme el coco, negro es todo un tributo a ese teatro hecho con cariño y con mimo “que ya no se lleva”, de modo que la compañía catalana nada “a contracorriente” durante una hora y media, “más un propina muy especial”, repleta de “risa, ternura y poesía”.