Llevaba la representación tres cuartos de hora a buen ritmo, descansando prácticamente en una persona, que soportaba el larguísimo monólogo de Alicia, cuando se fue la luz en la Escuela Navarra de Teatro. Siguieron actuando a oscuras durante dos o tres minutos, hasta que los técnicos superaron el desconcierto y dieron las luces de sala. Con esa luz tibia, que apenas llegaba al escenario, Leire Barkos y David Larrea, siguieron como si tal cosa, dando una sensación de saber estar, profesionalidad y buen hacer encomiable durante esos seis tensos minutos. Aprovecharon el final de la situación (de la historia de amor), para salir de la mano y sólo entonces se suspendió por un cuarto de hora la representación. Por cierto, muy bien el público. Aguantó en completo silencio hasta que un actor, desde el escenario, comunicó la interrupción, y solo entonces rompió con un cálido aplausoo. Siguió después la representación al mismo alto nivel interpretativo, a pesar de ese momento de desconcentración, pero ese incidente subrayó el buen hacer del reparto de En la Luna Producciones, en Hombres en escabeche.
El montaje descansa en Leire Barkos y lo resuelve muy bien, con una interpretación mejor que correcta, sin duda ayudada por el buen hacer de sus dos partenaires, David Larrea y Miguel Goikoetxandia, que le dan perfectamente las réplicas y siguen su ritmo vivaz.
Nada que objetar a la dirección de Oscar Orzaiz, muy en director de actores, marcando bien dicción, movimiento y tiempos, así como la ambientación musical. La escena está muy cuidada (muy chic, muy conjuntada). Aunque no es una crítica, sí creo que le ha faltado más decisión en las indicaciones a David Larrea y el sinfín de hombres desesperantes (para la mujer) que encarna: o (todos los hombres) son iguales, y se hace esa apuesta escénica que es sin duda muy compleja, o podía haber tratado de diferenciarlos más, también con la dicción y la caracterización.
Lo que menos me gustó del montaje es la elección de la obra, muy, muy pasada de época. No sólo porque plantee problemas de relaciones que ya estaban enmohecidos hace 40 años aquí, y quizá algo menos en Argentina, (me refiero a la mujer que soporta que su marida tenga querida a la que le ha puesto un pisito), sino porque ese discurso “feminista” de Ana Istarú ya está muy oído. Ha sido mucho Tengamos el sexo en paz y Los monólogos de la vagina, por citar las más representadas, como para no esperar que el extraordinario esfuerzo escénico en el que está embarcado En la Luna se soporte sobre comedias más actuales y exigentes. Aunque, todo hay que decirlo, esto me pasa a mí. Había gran número de señoras mayores entre el público y se lo pasaron muy bien.