Un grupo de artistas navarros que se autotitulan Producciones Rata estrenará hoy miércoles Bajocero, un espectáculo que denuncia violencia de género, explotación, comercio sexual, hambruna infantil y otras calamidades. Definida como una “oda a los oprimidos”, es una creación colectiva de Mercedes Castaño, en la dirección; Txori García, Iratxe García Úriz y Juan Sansegundo, en la actuación; Ander Percaz y Almudena Ibáñez, en la interpretación musical, y Paco Iglesias, en la composición.

Será a partir de las 20.00 horas, en el Teatro Gayarre dentro del festival Otras miradas, otras escenas. La entrada es gratuita.

Saben que no son temas agradables, pero creen que el teatro es “una herramienta” diferente, una experiencia en vivo con mayor capacidad de impacto directo y quieren aprovecharla para denunciar situaciones insostenibles en un mundo acostumbrado a mirar hacia otro lado. Pero, al mismo tiempo, desde Producciones Rata apuestan por un “toque de esperanza”, en la creencia de que la situación puede y debe ser mejor para todos.

Entre todos han gestado una propuesta “arriesgada”, “un trabajo honesto que esperamos que guste”, explica la directora, aunque hoy será la primera vez que la muestren ante un público neutral. “No sabemos si hemos hecho una macarrada o si nos hemos quedado cortos”, apunta Juan Sansegundo, que en el espectáculo tiene una frase “espeluznante”: 1.500 niños morirán de hambre durante la representación de esta obra.

Sin duda, Bajocero tiene un gran contenido social, pero también escénico, ya que el grupo lleva armando el espectáculo desde hace tres meses en la casa de cultura de Mutilva, en una estructura de gran exigencia para los intérpretes, que trabajan tres técnicas: un estilo naturalista, otro más coreografiado y el teatro de lo sensual, con técnicas que tienen que ver con la erótica que se trabaja en la publicidad.

Estos estilos corresponden a las tres partes del montaje. La primera, En el hogar, aborda la violencia conyugal; la segunda, En la ciudad, pone el acento en la exclusión “desde el respeto”, ubicando la acción en una barriada poblada por vagabundos y toxicómanos a los que la sociedad ha apartado de su vista. Y la tercera, En el mundo, quizá sea la más impactante porque habla de la trata de blancas, de las monstruosidades que suceden cada día, y lo hace desde el humor negro, desde el contexto “frívolo” del lenguaje publicitario. En definitiva, este último capítulo habla de “la obscenidad de este mundo obsesionado por la belleza”, mientras miles de personas malviven o mueren a diario, dice Txori García.

A partir de una puesta en escena “sobria” y “poética”, el montaje pasa del costumbrismo al expresionismo para finalizar en el absoluto surrealismo. Y es que, en opinión de la directora, “el canal de la comunicación teatral tiene que ir más allá de lo figurativo”, porque “hay algo en lo onírico que abre al espectador otro canal, el de la emoción, que es lo único que puede cambiar el mundo”. Sin duda, Bajocero está cargada de mucha energía, la misma que puede verse estos días en plazas de todo el Estado, “una coincidencia maravillosa” para los creadores de esta propuesta que pretende “arañar la conciencia de los espectadores”.