Un hombre se sube a un tren, se confunde de parada y se baja en un cementerio antiguo donde le van a pasar todo tipo de cosas hasta que le muerde la vampira y se transforma en el maestro de ceremonias e hilo conductor del espectáculo, que es Nosferatu. El circo de los horrores, una mezcla de circo, teatro y cabaret, debuta en el Teatro Gayarre de Pamplona desde el viernes de la mano de Suso Silva, Premio Nacional de Circo en 2003, que llega acompañado de 30 artistas y técnicos.

La primera función tendrá lugar el viernes 8 de enero, a las 20 horas, y habrá cuatro funciones más: sábado a las 19 y 22 horas, y domingo a las 17 y 20 horas. El precio de las entradas es 25, 21 y 8 euros en sala, palco y anfiteatro. Quedan entradas a la venta.

El circo de los horrores, montaje que tiene una duración de dos horas y diez minutos, es un montaje basado en los clásicos del cine y la literatura de terror, con humor. El cine ha sido la principal fuente de inspiración. Hay guiños a películas como El resplandor, La matanza de Texas, con dos personajes que salen con motosierras, o It, con payasos que dan mucho respeto; la niña de El exorcista, encarnada por una gran contorsionista; la muerte sale a caballo; también hay una niña aparentemente dulce y preciosa a la que todo el mundo le gustaría tener… pero lejos (risas); una vampira con una serpiente de tres metros; Jack el Destripador hace un lanzador de cuchillos; un demonio vaga por el cementerio… También en la literatura de Lovecraft y Poe y en videojuegos como Silent Hill y otros.

No hay violencia ni agresividad, puede haber momentos impactantes, pero siempre con mucho humor. El vestíbulo del teatro estará lleno de gasas negras, tumbas, jaulas, ataúdes, esqueletos, prótesis, la novia asesina, una plañidera llorando por las esquinas, un tío con dos cabezas… Así, hasta 25 freaks. Y una niebla densa que crea un ambiente muy especial.

El espectáculo nació para “limpiar de caspa” el circo más tradicional y convencional, muchas veces cutre, feo…, según su creador. Además, quería hacer circo mucho más depurado, contando una historia, para atraer a los veinteañeros.

Se advierte que el espectáculo es participativo. Se saca al escenario a los espectadores, se les mete en jaulas, hay algún incauto al que la vampira intenta seducir y al que le coloca la serpiente en el cuello… Todo siempre en clave de humor.