La compañía de Danza Metros de Ramón Oller pone en marcha, el miércoles 30 de abril (8 tarde), con su espectáculo MADAMA BUTTERFLY la tercera edición del FESTIVAL TEATRO GAYARRE: Otras miradas, otras escenas, una programación en la que se dan cita doce espectáculos de teatro y danza de compañías internacionales y nacionales. Doce propuestas entre las que destacan nombres de grandes compañías, como la Shen Wei Dance Arts, títulos de grandes obras como La consagración de la primavera, de Stravinski, siempre presente en nuestro Festival bajo la óptica de diferentes artistas, destacados nombres propios dentro de las artes escénicas como el de la actriz Carmen Machi o el propio Shen Wei, seleccionado para formar parte del equipo que diseña la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Pekín. Incluye este Festival espectáculos que mezclan diferentes manifestaciones artísticas, como el que realiza la compañía francesa Black, Blanc, Beur, que explora la fusión entre el hip hop nacido en las calles y la danza contemporánea, y demostraciones folklóricas tradicionales como la que presentan Los derviches de El Cairo. Los jóvenes e innovadores creadores también están presentes. Es el caso de Alfredo Sanzol, pamplonés de adopción, que llega con el aval del Centro Dramático Nacional, o los Hermanos Oligor, de Tudela, que recorren los escenarios europeos con su espectáculo minimalista Las tribulaciones de Virginia. Por supuesto, no faltan en esta cita referencias a las últimas producciones locales, como las de las compañías Ingumak, La Ortiga TDS y Caracois, ni a los más pequeños ya que, en esta tercera edición, se incluyen, como novedad, dos espectáculos familiares llegados de Polonia y Colombia.

Tras el éxito obtenido en con el montaje CARMEN, Ramón Oller regresa al Teatro Gayarre con una espectacular versión de MADAMA BUTTERFLY. Una vez más, Ramón Oller, con su compañía Metros, apuesta por acercar la danza contemporánea al gran público. Y esta vez lo hace de la mano de una historia tan universal como la Madama Butterfly, retrato de una mujer que cree en el amor hasta que, dramáticamente, no le queda más salida que la muerte.

En el fondo, el que la historia se ubique en Japón es poco importante, ya que aquí, como en todas partes, los sentimientos que motivan a Cio-Cio-San trascienden fronteras. Y Ramón Oller, que ha retratado la psicología femenina en otras obras suyas, como Carmen o Romeo y Julieta, ahora lo hace de nuevo a partir de la faceta más destacada que muestra esta nueva heroína suya: la Esperanza. De nuevo, la danza se nos aparece como un gran recurso narrativo para explicar historias con una riqueza y una profundidad totalmente equiparable al estilo literario.

Una pasión destructiva

Ramón Oller adapta la ópera Madama Butterfly (inspirada a su vez en la novela del francés Pierrre Loti, Madame Chrysanthème), desde un punto de vista contemporáneo, pero sin olvidar la tradición nipona de la obra. Situada en Nagasaki, en el Japón finisecular, cuenta la historia de Benjamin Franklin Pinkerton, un joven teniente norteamericano, que compra una casa y una geisha-esposa de quince años. Lo que para él empieza siendo un capricho exótico se acabará convirtiendo en una pasión destructiva.

Cautivado por este drama, Ramón Oller crea un nuevo lenguaje para transmitir los complejos sentimientos que hacen que la relación entre los protagonistas acabe en tragedia. Se da vital importancia al estado anímico de los personajes mediante la coreografía. La sensualidad y el erotismo se insinúan como un elemento omnipresente.
La música, la iluminación, la escenografía y el vestuario hacen que esta obra sea la pieza más estética de las creadas hasta ahora por Ramón Oller.

Sensualismo

Aparte del exotismo que despertaba Japón en Occidente, no es menos importante el sensualismo que evocaban algunas de las costumbres japonesas, como las casas de geishas, las ceremonias del té o los baños mixtos, que fácilmente conectaban con las historias del hombre occidental, maduro y sin experiencia de la vida, más allá de su entorno. Los acuerdos comerciales que Estados Unidos firmaron con Japón conmocionaron las costumbres sociales de este país. Si bien Occidente se impregnó de su exotismo, también Japón se “occidentalizó”, con los conflictos que este proceso conllevó.

En el ámbito privado, se multiplicaron los matrimonios de conveniencia de nativos con extranjeros, que sólo duraban el tiempo de permanencia de éstos en Japón. Y es una de estas historias la que se narra en la novela de John Luther Long, Madama Butterfly, que David Belasco adaptará al teatro y, será al verla en Londres, cuando Giacomo Puccini decidirá componer la ópera con el mismo nombre.

La Madama Butterfly de Belasco explicaba la historia del marinero americano Pinkerton, afincando en Nagasaki, que “se casa” con la geisha de quince años Cio-Cio-San. Ella cree que su matrimonio es completamente legal, adoptando las costumbres americanas y, a la vez, aislándose de sus amigos y parientes japoneses, llegando incluso al rechazo de su gente. Para Pinkerton, en cambio, este matrimonio no es más que un juego, y cuando regresa a los Estados Unidos repudia a una Cio-Cio-San embarazada. Más tarde, regresará al Japón con su “auténtica” esposa occidental para recuperar a su hijo. Entonces, la única posibilidad para la consternada pero profundamente digna Cio-Cio-San es el suicidio.

GIACOMO PUCCINI

Durante el verano de 1900, Puccini fue a Londres para supervisar los ensayos de Tosca. Durante su estancia en Inglaterra, fue a una de las representaciones de Madame Butterfly, de Belasco, al Duke York Theatre. Aunque Puccini no entendía el inglés, se emocionó con la puesta en escena de Belasco, que recreaba fielmente cada escena de la historia. Los espectadores entraban en la atmósfera del ambiente japonés por medio de la proyección de paisajes. El clima se conseguía con efectos muy estudiados, como la famosa escena de la larga vigilia en la que una confiada Cio-Cio-San espera el retorno de su amado: catorce minutos en completo silencio en el que una complicada tecnología de iluminación y sedas de colores conseguían representar la transición desde el atardecer a la aurora.

No es extraño que este espectáculo visual causara una fuerte atracción en Puccini, ya que siempre había mostrado un enorme interés por detalles del diseño visual, el vestuario y el movimiento escénico en sus óperas. Para conseguir una fiel ambientación de la cultura japonesa, mientras se preparaba para componer la ópera, se reunió varias veces con la esposa del embajador japonés, leyó vorazmente sobre las costumbres y la cultura japonesas e incluso escuchó las primeras grabaciones existentes de música japonesa.

RAMÓN OLLER

Ramón Oller (Esparraguera, 1962), tras sus primeros pasos artísticos en el teatro popular catalán, estudió Artes Dramáticas en el Institut del Teatre de Barcelona y danza clásica y contemporánea en Barcelona, Londres y París. Desde su primera y ya premiada coreografía, Dos dies i mig (1984), Oller y su compañía Metros, creada en 1984 y afincada en Barcelona, han seguido una línea netamente ascendente con más de 22 espectáculos que han podido verse en todo el mundo.

Durante todos estos años, las creaciones del coreógrafo se han definido por no entender la danza como un arte independiente y autosuficiente: ha roto con las barreras tradicionales de la danza, convirtiendo sus espectáculos en un espacio donde se dan cita muchas artes. Desde 1991, trabaja como coreógrafo independiente para el teatro, la zarzuela, el musical, la ópera y el ballet. Al margen de las creaciones para su compañía Metros, ha realizado coreografías para la Compañía Nacional de Danza, el Ballet Nacional de España y el Ballet Cristina Hoyos.