El escenario del Teatro Gayarre va a acoger el jueves 17 de enero (8 tarde) un especial homenaje al guitarrista pamplonés “Tío Sabicas” (Agustín Castellón Campos, 1912-1990), de la mano de uno de los guitarristas más destacados del momento: GERARDO NÚÑEZ, quien estará acompañado por la bailaora CARMEN CORTÉS, los guitarristas Javier Conde y Miguel Ochando, y del cantaor Rafael de Utrera.

Gerardo Núñez, consciente de que rendir homenaje a Sabicas en su ciudad natal se convierte en una ocasión especial, ha preparado, junto a la bailaora Carmen Cortés, una velada única y diferente a las que están ofreciendo en su gira dedicada al excepcional guitarrista pamplonés. Tan especial que comenzará con la proyección de un vídeo de Sabicas tocando sus propias Alegrías. Gerardo Núñez, estará acompañado, además de por la bailaora Carmen Cortés y la voz del cantaor Rafael de Utrera, por dos de los guitarristas que más han profundizado en la guitarra de Sabicas, como son Javier Conde y Michel Ochando.

La velada la arrancará Gerardo Núñez interpretando Sevilla y la Farruca de Sabicas. El programa acoge un repertorio en el que se incluyen temas como la Solea, el Zapateado, el Sitio de Zaragoza, Seguirilla, Granaína o las Alegrías de Sabicas.

Sabicas, de la calle Mañueta a Nueva York

Agustín Castellón Campos, Sabicas, nació en el número 4 de la calle Mañueta de Pamplona en 1912. Vio la luz entre Sanfermines y gitanos, en la ciudad que Hemingway no tardaría en hacer popular con su pluma periodística. Casi nada se sabe de los primeros años de su vida. Pero hay un dato esclarecedor: bien fuera en Jarauta, la Rochapea o Villava, lugares donde vivió de pequeño, la guitarra le acechó cuando aún apenas tenía fuerzas para levantarla. Su primer intrumento se lo compraron sus padres por 17 pesetas y tan sólo dos años después, a los once, se estrenó en un escenario. Fue precisamente en el Teatro Gayarre, donde tocó con motivo de una jura de bandera. A partir de aquí, Sabicas, que ya se había ganado el apodo por su temprana afición a comer una típica verdura navarra de primavera, las habas frescas -“el Niño de las habicas”, “Niño Sabicas”-, no pudo apartarse nunca más de las seis cuerdas.

Ya en vida era una auténtica leyenda. Se enorgullecía de haber hecho por la guitarra lo que nadie antes que él hiciera: pasearla por el mundo entero, ponerla de moda y arrancarla un poquito de la clásica. “La guitarra flamenca no se había tocado nunca nada más que en España -explicaba el propio Sabicas en 1984-, y no todo el mundo, muy poquita cosa. Entonces, desde que salieron mis discos, en los últimos treinta años, la gente se aficionó a la guitarra flamenca en cualquier lado del mundo”.

No se reconocía subsidiario de ninguna escuela de guitarra, de ninguna influencia. “No he tenido en mi vida maestros. Prueba de ello es que tengo un hermano al que no he podido ponerle nunca ni una sola variación. No sé enseñar, por eso no doy lecciones, porque a mí nunca me enseñó nadie. No sé por dónde se empieza. No sé música”.

El magisterio de Sabicas ha merecido los más grandes reconocimientos. Así Howard Klein: “Su arte está desprovisto de actitudes superfluas. No da la sensación de que toca, sino simplemente que la música fluye espontáneamente”. O Brook Zern: “Sabicas posee todo lo necesario: una misteriosa precisión técnica, una velocidad alucinante, una perfecta tonalidad y una absoluta comprensión del flamenco, de su estructura y de su entonación. Además de todo ello posee una gran capacidad inventiva”.

Autodidacta

El gitano Sabicas era autodidacta. Talento precoz, aprendió escuchando discos. A los diez años se trasladó a Madrid, presentándose en el Teatro El Dorado como concertista y tocando para una conocida cupletista de la época, llamada La Chelito. Después participó en las fiestas del legendario colmao Villa Rosa, asombrando al mismísimo Ramón Montoya. Entre 1920 y 1930 recorrió toda España formando parte de diversos espectáculos, acompañando a muchas de las estrellas de la ópera flamenca (Estrellita Castro, Niña de la Puebla, José Cepero y Niño de Utrera, entre otros).
En 1936 se trasladó a América siguiendo a Carmen Amaya, debutando en Buenos Aires y actuando por todo el continente americano en sucesivas giras hasta 1950.

Entre 1950 y 1955 se estableció en México, ofreciendo conciertos y actuando la sala de fiestas El Patio. A partir de entonces residiría en Nueva York.
Regresó por primera vez a España en 1967, para recibir la Medalla de Oro de la Semana de Estudios Flamencos de Málaga. Asimismo, grabó con Camarón de la Isla el que éste consideraba su primer disco.

A partir de entonces viajaría a España con asiduidad, destacando los conciertos de 1970 en el María Guerrero de Madrid y el Lope de Vega de Sevilla, el del Concurso del Cincuentenario en Granada (1972) y la temporada completa con un espectáculo del que formaban parte el Ballet de Arte Español, María Vargas y Rafael Farina (1974).

Siguió compaginando su apretada agenda de giras y actuaciones con grabaciones discográficas, de las que apuntamos como curiosidad un experimento con el guitarrista de jazz Joe Beck, publicado bajo el título Rock encounter (1970). Fue este un disco fallido, en gran parte por el desconocimiento del flamenco que tenía Beck y también por el desinterés de Sabicas, que se vio embarcado en el mismo por una obligación contractual. Las experimentaciones estilísticas de Sabicas tendrían continuación en el disco The Soul of Flamenco and the Essence of Rock (1971).

1982, homenaje en el Teatro Gayarre

Entrados los años ochenta, ya septuagenario el maestro, se le tributarían una serie de homenajes, como el de 1982 en su ciudad natal de Pamplona, culminado con un apoteósico concierto en el Teatro Gayarre. En 1984 actuó en la 1ª Cumbre Flamenca de Madrid, en el Teatro Alcalá Palace. Su actuación en la IVª Bienal de Arte Flamenco de Sevilla, de 1986, se recuerda como extraordinaria. También fue memorable el concierto del Teatro Real de Madrid, en 1987.

A lo largo de su carrera recibió varios discos de oro, el Premio de RNE de 1971 y, sobre todo, el Premio Nacional de Guitarra Flamenca de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez de la Frontera, en 1965.

Aunque él no reconociera nunca maestros ni influencias, en su época de formación como guitarrista era difícil escapar al influjo de Ramón Montoya. No obstante, su talento genial le llevó a incorporar innovaciones técnicas deslumbrantes, como los picados en los bordones de la guitarra, las técnica endiablada de alzapúa, los arpegios en los que incluía todas las cuerdas y ejecutaba con gran limpieza… En cualquier caso, esta técnica estaba puesta al servicio de una musicalidad desbordante, con hondas raíces flamencas y un compás que había consolidado en los años 20 y 30, así como en las giras con Carmen Amaya. Su velocidad y limpieza de ejecución asombraron a los públicos de todo el mundo. Según los críticos, la música parecía fluir de él sin esfuerzo aparente, como si fuera improvisada. Además, Sabicas abrió una puerta en términos de inventiva, puesto que descubrió a los jóvenes guitarristas de los 50 y 60 que se podían introducir novedades técnicas sin desvirtuar el carácter flamenco del toque.

Su influencia ha sido incontestable sobre las nuevas generaciones de guitarristas a través de la luminaria Paco de Lucía y del no menos carismático Serranito. Además hay que destacar su capacidad para llegar a los públicos no flamencos. Con gran sentido comercial adaptó canciones populares españolas y sudamericanas. Sus grabaciones solistas y a dúo con Mario Escudero tuvieron mucho éxito en Estados Unidos durante los años 50 y 60. Por esta razón, su trascendencia a la hora de dar a conocer el flamenco en todo el mundo vía América es indudable. Tampoco hay que olvidar su faceta como compositor. Entre otros, compuso un concierto titulado Gipsy Concert, orquestado por Enrique Cofiner, que fue estrenado póstumamente (en 1993, en Córdoba) por el guitarrista Rafael Riqueni y la Orquesta de Córdoba.

Su fallecimiento se produjo el 14 de abril de 1990 y, por expreso deseo, sus restos fueron trasladados al cementerio municipal de Pamplona. Una plaza de la ciudad lleva el nombre de Sabicas en su honor.

Gerardo Núñez y Carmen Cortés

Gerardo Núñez, el genial tocaor y compositor de Jerez, que no solamente ha acompañado a destacados cantaores como Tío Borrico, Manuel Mairena, José el de la Tomasa, Terremoto de Jerez, La Paquera, o ha tocado, como lo hiciera Sabicas, junto a las mayores figuras del jazz y de la música latina (Dave Thomas, José Antonio Galicia, Tomás San Miguel o Paquito D’Rivera) rinde homenaje a Sabicas, el artista que marcó toda una época de la guitarra flamenca.

Junto a él, como Carmen Amaya en las giras americanas de Sabicas, la bailaora Carmen Cortés. Para ella escribió Gerardo, entre otras obras, A contraluz, Memoria del cobre, Cantes de ida y vuelta, Los Gabrieles o realizó la adaptación para cuatro guitarras de El amor brujo, de Manuel de Falla.

La guitarra de Gerado Núñez, que domina todos los palos y todos los estilos, no conoce fronteras; ha sonado junto a Plácido Domingo y Teresa Berganza, Joaquín Sabina, Ana Belén y Víctor Manuel, Rocío Jurado e Isabel Pantoja, Azucar Morena y Los Chichos, Rosario, Andreas Wollenweider, Mecano, las orquestas de Barcelona y de Córdoba, en cuarteto junto a Eberhard Weber, Richard Galliano y Erico Raba. O con el Guitar Night, formado en San Francisco con Alex Gras, Paolo Bellinati y Briam Gare y con el que recorrió las principales ciudades de Estados Unidos.

Carmen Cortés, por su parte, ha subido a las tablas, además de los espectáculos reseñados, Así pasen 100 años, Flamenco, flamenco, Las Furias, con coreografía del maestro Granero, A Federico, Yerma, Salomé, con dirección de escena y dramaturgia de Gerardo Vera, Soleá, Un son eterno, También muere el mar, sobre textos de poetas de la generación del 27, Magia de maestros, Las suplicantes…