Actores profesionales y el público han asumido la renovación de las 300 butacas del Teatro Lara de Madrid, conocido como la “bombonera” desde que se erigió en 1879 y que no cambiaba desde hace siete décadas sus asientos, tapizados en cuero.

El Lara, muy cerca de la Gran Vía, es el teatro burgués por antonomasia y en él se estrenaron obras como Los intereses creados, de Jacinto Benavente, El amor brujo, de Manuel de Falla, o Una noche de primavera sin sueño, de Enrique Jardiel Poncela.

Los benefactores han pagado 350 euros por su butaca. El resto, hasta los 700 euros que cuesta cada asiento, lo asume el teatro y una subvención pública.

Las nuevas butacas, una reproducción exacta de las que se instalaron en 1930 aunque con dos brazos y no con uno sólo, estaban puestas desde septiembre pero hasta ahora no incluían, en el borde inferior de los asientos, las placas que identifican a sus “compradores”, explica la actriz Ayanta Barilli, miembro de la junta directiva del Lara. Los gestores del Lara pensaron en el mecenazgo porque no tenían recursos para acometer el proyecto de renovación, del que los benefactores “sólo” han aportado la mitad del coste real.

La nuevas butacas han sido compradas en un 40% por espectadores “anónimos”, que en algunos casos han homenajeado en la placa a algún familiar fallecido. El 60% restante los adqurieron profesionales como Blanca Portillo, Imanol Arias, Pastora Vega, Emilio Martínez Lázaro, los miembros de Tricicle, Aitana-Sánchez Gijón, Melani Olivares o Millán Salcedo.