Compañía: Taller de Teatro de la UPNA. Autores: Ignacio del Moral y Verónica Fernández. Intérpretes: Ana Artajo, Jaione Ayerra, Imanol Casqueiro, Leire Chivite, María Espinazo, Iker Fernández, Amaia Huarte, Ariane Irure, Ion Martinkorena, Covadonga Peralta, Aroa Pérez, Diego Rousselon, Leire Sánchez, Ana Berrade. Lugar y fecha: 21/02/11. Civivox Iturrama.

Esperando el indulto “presas”

UN grupo de presas languidece de hambre, de frío y de falta de libertad en una cárcel franquista. Esperan que por el día de San Perpetuo, el obispo otorgue un indulto. Uno solo. La espera del indulto: un clásico de muchas películas. ¿Llegará o no llegará? Aquí sabemos que va a llegar, el problema es que solo una será absuelta. ¿La comunista o la anarquista? ¿La prostituta o la ladrona? ¿La pobre loca que mima como si fuera su niño una manta doblada o la asesina convertida en reclusa de confianza? El texto de Ignacio del Moral y Verónica Fernández quita y da razones a todas para merecer la gracia. Pueden tener parte de culpa, pero todas conservan ese resto de humanidad que les haría merecedoras de una segunda oportunidad.

Como otras propuestas teatrales llevadas a cabo por jóvenes, el Taller de Teatro de la UPNA esperaba también una oportunidad: la de representar Presas dentro de los Encuentros organizados por el Instituto de la Juventud. Ese indulto no llegó, ni para ellos ni para nadie. Todas merecieron la condena por una supuesta falta de calidad. Como afortunadamente no todos son del mismo parecer, el taller ha podido presentar su trabajo en varias ocasiones, selección para un certamen internacional incluida, así que tenemos ocasión de valorar, al menos en este caso, hasta dónde llega la calidad y hasta dónde su falta. Y, sobre todo, podemos hacerlo donde se debe: sobre un escenario.

El firmante de estas líneas no tiene dudas de que otorgaría el indulto a Presas. La función es como sus protagonistas: ni perfecta ni tan defectuosa como para no concederle siquiera la ocasión de mostrarse al público. Presas es un trabajo de taller, con lo que eso conlleva: ilusión a espuertas, buenos momentos y aspectos mejorables. Y ligeros desequilibrios, asimismo, entre los miembros del reparto. La función se beneficia de la presencia de algunos actores más experimentados, como es el caso de Ana Berrade o de Ion Martinkorena. También de la de otros más jóvenes, pero que ya han participado en montajes anteriores. En general, sumados defectos y virtudes y haciendo la media aritmética, sale un resultado más que digno. Hay personajes que podrían crecer más, escenas que piden un poco más de presión para desprender todo su jugo (la confesión de la violación, tal vez). Y, a cambio, encontramos otros momentos en los que el medidor de intensidad apunta bien alto: la mencionada violación, verbigracia, incluido el rapapolvo previo. Hay también una buena puesta en escena, con un perspicaz sentido del aprovechamiento del espacio y del uso de unos pocos elementos para recrear de manera ingeniosa lugares distintos, como un locutorio para las visitas de los familiares, o las duchas de la prisión. Algo trascendental en una obra en la que los continuos cambios de escena exigen variar asimismo las localizaciones, algo que, en general, está bien resuelto.