La coreógrafa y bailarina alemana Pina Bausch, una de las artistas más importantes de la danza contemporánea, falleció ayer cinco días después de que se le diagnosticara un cáncer, según anunció Ursula Popp, portavoz del Tanztheater de Wuppertal, la compañía que fundó hace más de 35 años. “El domingo pasado todavía estuvo en el escenario, junto con su compañía”, destacó. Según Popp, había sido internada en el hospital para exámenes debido a un estado de fatiga intensa.

Josephine (Pina) Baush era una de las más ilustres coreógrafas contemporáneas, después de haber creado en la década de 1970 nuevas formas y estilos en el teatro-danza, que diez años después llegó a tener en Alemania la misma importancia que el teatro hablado. Bausch nació en Solingen en 1940 y empezó a formarse en 1955. En 1959 se marchó a Estados Unidos y, al regresar a Alemania, en 1962, empezó una carrera que supondría una revolución del teatro-danza. Entre sus obras más conocidas se cuentan Adagio-cinco canciones de Gustav Mahler (1974), Los siete pecados capitales (1976), basada en música de Kurt Weil y textos de Bertolt Brecht, Komm, tanz mit mir (Ven, danza conmigo, 1977) y Danzón (1995).

Su obra mezcla muchos tipos de música, desde éxitos populares a música clásica, y combina la danza con otros recursos dramáticos y su fama comenzó en el Metropolitan Opera de Nueva York. Después de pasar por el templo neoyorquino, la coreógrafa de rostro sombrío introdujo el concepto de “danza-teatro” en Alemania y el mundo entero. De esta forma impuso en el mundo del teatro un estilo de danza muy personal, basado en la exageración y la contradicción, mezclando lo inmenso a lo insignificante, tanto en los gestos de los bailarines como en los decorados. Bausch cambió el papel del bailarín y dio otra utilización a los objetos, introduciendo en el escenario esquíes, bicicletas, muros y acantilados.

Algunos la consideraban una coreógrafa única y sin igual en la dirección de sus temas predilectos, como el miedo o la guerra de los sexos, y destacaban la vitalidad artística de sus obras. No obstante, sus problemáticas extremistas y sus arquetipos (la histérica, la esclava…) molestaban a otros. “Lo que me interesa no es tanto (saber) cómo se mueven las personas, sino lo que las emociona”, declaró en una entrevista.

Celebró los 25 años de su Tanztheater en 1998 con un festival de tres semanas en Wuppertal, cuna de sus creaciones expresionistas y gloria del ballet alemán. Allí presentó una muestra de sus ballets, desde los más antiguos a los más recientes, pasando de Ifigenia en Táuride (1974) a Limpiador de ventanas (1997), estrenado en Hong Kong en ocasión de la devolución de la colonia británica a China. Asia la inspiró. En 2006 se encontraba en India con una parte de su compañía y luego presentó Bamboo Blues, una creación con los colores de India.

Bausch era esperada a mediados de julio en Moscú, donde debía presentar su espectáculo Los siete pecados capitales en el Festival Internacional Chejov. Por el momento no se ha decidido el futuro de esta gira.