Los “gratuitos” del Gayarre siguen teniendo un tirón indudable. Da lo mismo que sea en lunes o dentro del Festival Otras miradas, otras escenas. De nuevo ayer llenazo para ver Pic-Nic, la miuresca descripción de la guerra que escribió en Francia Fernando Arrabal y que está en los antecedentes de las mejores parodias de Gila y su teléfono desde la trinchera. El montaje no defraudó.
Ángel Sagüés, el más brechtiano de los directores locales, en su línea habitual, “retocó” ligeramente la propuesta de Arrabal introduciendo varios “cortes” mudos que interrumpían la continuidad del texto, en los que recalcaba que la guerra no es un juego, que en la guerra se muere, y que el patio de butacas no debía dejarse llevar sólo por la sonrisa de la parodia propuesta. La única pega de su puesta en escena fue que la ausencia brechtiana de climax despistó al público, que por dos veces erró, dio por finalizada la representación y comenzó a aplaudir. A la tercera fue la vencida.
A pesar de esas voluntarias “interrupciones” en el texto de Arrabal, el público rió con esos diálogos aparentemente absurdos (lo absurdo es la guerra, no que cada general diga lo mismo del enemigo) y las respuestas de los dos soldados (el mismo uniforme, el mismo miedo, la misma soledad). Finalmente, todos los personajes acaban “crucificados”, en un intento de dejar un mal sabor de boca en el espectador, que captó con claridad el mensaje.
Los actores principales estuvieron en la línea que nos tienen acostumbrados, es decir, muy bien. Txori García da siempre un sentido acertado a todo su trabajo y Ion Iraizoz, hasta ahora en Madrid, es para mí un descubrimiento. Regresa con hechuras de actor. El que Iratxe García y Eneko Otermin representaran personajes muy alejados en edad ayudó a esa distanción, aunque él sigue necesitando más seguridad para no mellar sus textos.
La Ortiga es un grupo en alza. Crece en cada montaje. Y en Pic-Nic se atreven con textos diferentes a los acostumbrados, un campo en el que están obligados a aventurarse.
Ahora sólo queda ver el próximo jueves ese Woyzeck, en principio una propuesta textual y estética muy alejada, pero que Sagüés ha prometido vincular. Allí estaremos para comprobarlo.