Bubulú surge hace unos años de un taller impartido por Miguel Goikoetxandia. Si no recuerdo mal es su tercer montaje y es evidente que, paso a paso, se nota la mejoría. La obra de Paco Mir es muy divertida y está bien escrita, con gracia. Miguel dirige con pulso a los cuatro actores y lleva la pieza a un ritmo trepidante, como exige el autor, porque cuando suben a escena actores aficionados el máximo peligro es acabar aburriendo.
Miguel entrega el peso al mejor de su sactores, Ion Martikorena, que ya actuó con Iluna en pequeños papeles de sus Cincuenta navarros y punto. Hace un esfuerzo notable y ofrece un resultado aceptable para su edad y condiciones. En estos momentos, no se le puede exigir mucho más.
Eva Barandalla tiene momentos y réplicas magníficas, pero el papel es muy exigente y prácticamente tropieza con el texto en cada una de sus escenas. Pero se le notan recursos para convertirse con el tiempo en una notable actriz. También tiene madera de intérprete Ángel García, el tabernero, que en ocasiones también sabe colocar la réplica y consigue magníficos de humor, aunque debiera haber definido más su personaje. Claro que tampoco podemos exigirle algo de “stanislavki” ni en el grupo nadie se lo puede enseñar. Pero que ninguno de los cuatro deje de hacer teatro, por favor, porque la Muestra está demostrando que se necesitan actores aficionados con unos recursos básicos de dicción y movimiento y ellos casi los tienen.
El montaje, lo hemos dicho, tuvo ritmo, entretuvo y fue muy aplaudido. Ahora necesita corregir cosas, como la música, que tapaba fácilmente las voces de los actores. Ese defecto es imperdonable con actores tan bisoños. Y por supuesto la iluminación, que fue muy deficiente. Se dejó toda la segunda calle sin iluminar y cada vez que se alejaban los actores un metro de la barra hacia el escenario se quedaban con la cara a oscuras. También faltó iluminación lateral que corrigiese sombras en los rostros. Sin duda, fue ayer lo peor de la velada.