La actriz Cayetana Guillén Cuervo interpreta hoy domingo a las 19 horas en Baluarte a la protagonista de Hedda Gabler, drama de Ibsen, dirigido por Eduardo Vasco (entradas a 24 y 20 euros). Ha sido entrevistada por Ana Oliveira en Diario de Noticias y entresaco alguna de sus respuestas:

“Esta obra habla de la liberación de la mujer y de lo que sucede cuando una mujer inteligente está encerrada y no le dejan desarrollar sus capacidades, en lo que se puede convertir y el daño que puede hacer. Es una función dura, pero los textos interesantes siempre merecen la pena”.

“Tengo una relación maravillosa con Eduardo Vasco, profesional y personal. Yo le busqué a él para dirigir El malentendido, que era un proyecto muy personal, y ya hemos seguido juntos. Es un tío muy respetuoso con los actores, valora mucho de dónde venimos, lo que supuso la generación de mis padres, lo que aportaron a la cultura y a la democracia. Desde el principio entendió muy bien de dónde venía yo, lo que significa mi educación respecto al teatro y lo que supone para mí levantar un montaje. Para mí esto no es solo en trabajo, hacer una obra es como poner en pie algo que me enseñaron mis padres, por lo que ellos lucharon, y él lo vive así también. Quizá por eso levantamos textos tan difíciles, no digo olvidados, pero sí menos representados. De Camus siempre es Calígula o Los justos, pero nunca El malentendido, y de Ibsen siempre es Casa de muñecas, pero nunca Hedda Gabler”.

“Es un personaje que da miedo a una actriz. Es muy poco empático, no es una heroína, sino más bien una antiheroína. Hay que intentar entenderla. En el montaje intentamos explicar por qué Hedda Gabler se comporta así, de dónde viene su amargura, su toxicidad… En la vida no se puede ser infeliz, porque un ser humano que no consigue cumplir sus anhelos, que siente que sus alas están rotas y que no hace lo que quiere hacer puede convertirse en alguien tóxico”.

“Ha habido muchas Heddas con trastornos psicológicos, absolutamente desatadas, mucho más expresivas, pero Vasco quería una mujer que pudiera moverse en el mundo de Henrik Ibsen. Contenida. Mi Hedda está vestida como para ir a una fiesta desde que se levanta y nunca a va a ningún lado. Nadie espera nada de ella. Es muy frustrante y muy castrante; estas mujeres solo podían vivir del trabajo de sus maridos y de la expectativa de la maternidad. Hedda Gabler no quiere ser madre y eso también cae como un jarro de agua fría a su alrededor. Ella opta por eso también por intentar poner límites a la invasión de su espacio, por impedir que los demás decidan todo sobre su destino”.

“Hedda va viviendo a través de la vida de los demás y va haciendo daño. Ve que nadie espera nada de ella y que a nadie le importa lo que le pasa, y cuando empieza la madurez y la decadencia, comienza a enloquecer, aunque de un modo metafórico. Ibsen no escribió sobre alguien que estuviera trastornado psicológicamente, sino de alguien que se iba convirtiendo en un animal encerrado. No nos sirve la locura para justificar nada. Hedda es un ser capaz, coherente y consciente, así es más interesante”.

“Te guste más o menos un montaje, el teatro tiene que provocarte cosas, tiene que hacerte pensar. Por eso coincido con Vasco en la necesidad de poner en pie ese tipo de textos. El proceso de investigación del autor y de los personajes es muy interesante y constructivo. Los grandes autores siempre nos dicen cosas, por eso los textos siguen latiendo a lo largo de la historia. Hablan de temas muy contemporáneos que muchas veces se entendieron mal en su momento; tú los recuperas, los vuelves a plantear, te das cuenta de que hemos cambiado poco en algunas cosas, mucho en otras… Ves la evolución de la sociedad y cómo la cultura influye tanto. Si no hay libros, si no hay cine, si no hay cuadros, si no hay arte, nuestra vida queda limitada a una cosa muy práctica. Necesitamos una parte de vuelo; necesitamos la reflexión, la risa, el llanto…”.