Nao d’amores, la compañía segoviana especializada en teatro medieval y renacentista, vuelve al Festival de Olite con Dança da morte/Dança de la muerte, teatro ritual que parte de lo antiguo para una puesta en escena vanguardista. Especialmente recomendable, porque este repertorio no abunda en la cartelera y son pocas las ocasiones para verlo.

Será mañana, a las 22:30 horas. Extracto algunas respuestas de Ana Zamora a la magnifica entrevista de Ana Oliveira en Diario de Noticias de hoy.

“Somos cada vez menos una compañía al uso y cada vez más un equipo artístico estable que realiza una labor de investigación, formación y puesta en escena”.

“El teatro prebarroco tiene un sentido contemporáneo, los clásicos lo son por algo; porque hablan de lo que somos o porque hablan de lo que ya no somos. En cualquier caso, son un punto de referencia inexcusable para entender hacia dónde queremos ir y lo que queremos construir. Hay que volver hacia el sentido social y cultural del teatro, que no es un mero entretenimiento, sino también un arte que nos ayuda a convivir mejor”.

“El teatro clásico español va mucho más allá del siglo XVII y hay ámbitos estupendos en el teatro medieval y renacentista que nos sirven para trabajar la teatralidad desde hoy. Creo que esos campos apenas se han tocado, son muy conocidos en la Universidad, pero desconocidos sobre las tablas”.

“El teatro prebarroco tiene mucho que ver con la creación contemporánea, a nuestros ojos, esos formatos resultan mucho más modernos que algunas obras de Lope de Vega. Tienen que ver con la lírica, con la creación más alejada de la perspectiva clásica, de modo que son contemporáneos. Es un teatro lleno de imágenes”.

“Las danzas macabras se extienden por toda Europa a finales del siglo XIV y, de hecho, hay autores que dicen que fueron el primer ejemplo de unidad cultural europea. Nosotros nos inspiramos en ese espíritu para trabajar a partir de dos cosas, el Códice de El Escorial, que aborda la danza castellana del siglo XV, y luego articulamos una propuesta dramatúrgica más lúdica a partir de las danzas portuguesas, que son fundamentalmente las que recogió Gil Vicente en las Barcas, que son obras del siglo XVI y, por tanto, ya es un teatro más construido.

“Nosotros tenemos dos formatos de actuación. Por un lado, un teatro portátil, una especie de coro catedralicio en el que se integra el público, pero que no suele viajar a festivales porque cabe muy poca gente, y una adaptación más amplia que no pierde ese carácter de rito compartido, ya que en este formato también hay público sobre el escenario. Es un espectáculo a tres bandas que rompe totalmente la idea de la cuarta pared, una idea decimonónica que, lamentablemente, ha seguido gobernando nuestro teatro a lo largo de los últimos años”.