El coreógrafo, director y bailarín Miguel Ángel Berna ofrece hoy en el Teatro Gayarre de Pamplona su espectáculo de danza Goya. El sueño de la razón produce monstruos, de la Compañía Residente de Zaragoza, en una única función.

Este espectáculo “innovador y moderno”, según Berna, fue un encargo realizado por la Expo de Zaragoza 2008, y en él se utilizan proyecciones animadas de doce de los famosos cuadros del universal pintor aragonés, que abarcan desde su serie de Los caprichos, hasta Los disparates y sus famosas Pinturas negras.

“La obra parte de su capricho más famoso, El sueño de la razón produce monstruos, en el que Goya quiso mandarnos un mensaje sobre cómo somos, y cómo lo onírico se convierte muchas veces en real, algo que en la actualidad parece más cierto que nunca”, explicó ayer el artista en la rueda de prensa celebrada para presentar el montaje. Berna, que cuenta con una larga experiencia como cantante y bailarín de más de 30 años, comentó algunos detalles de la función, que llega a Pamplona después de su citado paso por Zaragoza en la pasada Expo, donde generó “una reacción muy buena en el público”, y que, además, continuará su andadura por otras ciudades españolas y extranjeras.

“Esta obra pretende ser un recorrido onírico por la obra de Goya, un llamamiento al despertar de la conciencia. En ella trabajan 11 bailarines y un equipo técnico aún mayor, con los que he trabajado en otros proyectos, y todo parte del espléndido guión escénico y de la dirección de Luis Olmos”, apuntó el bailarín. Berna ha querido además agradecer a Pamplona por apostar por un espectáculo de danza ajeno al flamenco, ya que en Goya priman los bailes basados en la jota aragonesa, y ha señalado que “es importante cuidar la tradición popular, porque la gente tiende a ensalzar lo de fuera sin apreciar lo que nosotros tenemos”.

Uno de los aspectos más destacables de la representación es la utilización, por primera vez, de las castañuelas metálicas, lo que contribuye a lograr un sonido más propio del mundo onírico, y que para Berna ha supuesto “un privilegio” por lo unido que está el instrumento a sus raíces y por la forma que tiene de tocarla, “todo el tiempo con el dedo corazón”.