Me pasan una crítica de El Periódico de Extremadura sobre la Lisistrata de Antonio Corencia producida por Paco Marsó, firmada por José Manuel Villafaina, que titula su reseña como El fracaso artístico de la producción.
No está en Internet (no la encontraréis compelta) y yo estoy un poco vago, así que me limitaré a unos párrafos. Como curiosidad, el crítico cita en su texto el “meneo” que recibió en la crítica navarra tras el estreno de Olite, y cita lo publicado en este blog.
Ahí van algunas de las perlas dedicadas al montaje.
Dice de Marsó: “sin calcular las pretensiones ocultas del empresario teatral Paco Marsó y compañía de transitar por rumbos del teatro agarbanzado (como Valle-Inclán solía llamar al teatro comercial)”.
“Tal osadía ha supuesto un fracaso artístico. En Mérida, la reposición sólo ha sido una mala sombra de lo que fue en 1980”.
“En la reposición se ha visto a la nueva producción el fondo sin fondo de un negocio redondo. Pero malogrado artísticamente. La revisión del texto ha sido trivial. (…) La ironía cómica está desfasada y sólo es apta para mojigatos. Y las alusiones críticas oportunas han perdido la puntería”.
“El montaje es una burda imitación del anterior, despojado de su imaginería espectacular y festiva, de personajes mágicos y acciones espaciales. La acción de arrastra lánguida y desmayadamente. Ha perdido la elevación y gracia de su estilo de arte tragicómico”.
La interpretación carece de energía y vitalidad -sólo se salva Marisol Higueras, la madre-. Casi no se les oye y la utilización de micros de ambiente es desastrosa. A Miriam Díaz-Aroca y a Vicente Cuesta se les vio como pasmarotes en una representación que se desarrolla lenta, casi farragosa, contribuyendo al frío clima conseguido”.