El teatro Gaztambide de Tudela ha programado para este sábado La curva de la felicidad, obra protagonizada por Pablo Carbonell, Raúl Tejón, Aitor Legardón y Josu Ormaetxe, una comedia que plantea si los hombres “son el sexo fuerte a partir de los cuarenta”. Carbonell, que interpreta a Quino, un hombre al que ha dejado su mujer “por calvo y gordo” y al que obliga a vender el piso en el que han vivido, dice: “los hombres viven una crisis de Peter Pan al llegar al ecuador de su vida que no les permite aceptar el rol y la vida en la que se han metido”.

“A dónde voy yo, si yo quería ser pirata del Caribe, me he equivocado, qué hago con esta señora, qué es esta hipoteca”, ha explicado Carbonell que se preguntan los cuatro hombres que desde 2004 llevan protagonizando La curva de la felicidad, una visión que ha tachado de “un poco patética, pero bastante realista”.

Carbonell ha reconocido que su personaje le permite “reírse” de sí mismo y acercarse a sus “aspectos más grotescos”: “yo, que soy casi un efebo, salgo al escenario convertido en un ser gordo y calvo por una mutación personal que realizo para llegar a un grado de patetismo que rompa las barreras de mi ego”, ha bromeado el actor. Esta es, según Carbonell, una “terapia que también cala en el espectador y que le permite a la gente reírse de sí misma, es una especie de catarsis, la gente sale aceptándose y las mujeres queriendo más a su marido, porque se dan cuenta de que no son la única pringada”.

Tanto Carbonell como Jesús Cisneros, productor de la obra, coinciden en señalar que las que más se ríen son, precisamente, las féminas, porque “ven reflejados a hombres muy cercanos, incapaces de tomar solos las pequeñas decisiones del día a día, como el color de las cortinas, con quién salir a cenar o qué ropa llevar”. “A los cuarenta el hombre ve todo lo que no ha conseguido y se ve también con menos pelo y más barriga, por lo que se vuelve mucho más frágil e inseguro, algo acentuado en el personaje de Quino por el hecho de que su mujer lo ha dejado y cada dos por tres la llama para preguntarle cosas, porque no sabe vivir solo”, ha descrito Cisneros.