El Gobierno de Navarra coproduce con el Teatro Real, la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera (ABAO) y la Fundación Ópera de Oviedo para sus Conciertos Escolares y en Familia la ópera Brundibar, que interpreta la Escolanía del Orfeón Pamplonés. Asiste al estreno una superviviente del Holocausto, Ela Weissberger, quien interpretó un papel en esta obra cuando se estrenó en un campo de concentración.

Brundibár, ópera cuya partitura es del compositor checo Hans Krása (Praga, 1899-Auschwitz, 1944) y libreto es de Adolf Hoffmeister. Música correrá a cargo de la Orquesta Sinfónica de Navarra, dirigida por Ernest Martínez Izquierdo, dirección escénica, de Eduardo Bazo, de la Ópera de Cámara de Madrid; dirección de la Escolanía por Juan Gainza, que ha reunido a las 60 voces de su grupo y ha ensayado a dos grupos de 400 escolares, uno por representación, que interpretarán la canción final y que proceden de Ursulinas, Santa María la Real, San Cernin, Ikastola San Fermín, Jaso Ikastola, Iturrama y Santo Tomás.

Cuatro funciones escolares en la sala grande de Baluarte, ayer jueves y hoy viernes, a las 10.00 y 11.30 horas, y dos funciones en los Conciertos en Familia: hoy viernes a las 19.30 horas y mañana sábado a las 12.00 horas. Precio: 6 euros. Abono familiar 4 entradas, a 18 euros.

Presupuesto de 120.000 euros, se trata de la propuesta “más compleja” que ha abordado este ciclo hasta la fecha, tal y como destaca su supervisor, Fernando Palacios.

La obra ha pasado a la historia por las 55 funciones que se hicieron en el campo de concentración nazi de Teresienstadt, en la antigua Checoslovaquia. Allí, la obra se representó desde el 23 de septiembre de 1943 hasta el 16 de octubre de 1944, cuando Krása fue trasladado a Auschwitz, siendo asesinado dos días después. Ela Weissberger, única superviviente de aquel terrible lugar por el que pasaron 15.000 niños, de los que 14.900 nunca regresaron a casa, está presente en Pamplona para contar su experiencia y asistir al estreno absoluto.

Ella, a los 11 años, interpretó el papel del gato y que “para nosotros fue la vida”, porque, además de distrutar de los instantes de libertad que les concedía la música, “mientras la representábamos, los nazis nos permitían quitarnos la estrella que nos identificaba como judíos, lo que nos daba una pequeña esperanza dentro de la sentencia de muerte en la que vivíamos”. Hoy, sin embargo, exhibe el trozo de tela con orgullo a modo de recuerdo de los seis millones de personas exterminadas en aquella barbarie, entre ellas, sus compañeros de barracón en Terezin, con los que entonaba la canción final de Brundibár, el tema de la victoria, “que para nosotros era como cantar que habíamos ganado a Hitler”. Y advierte sobre “los muchos Hitlers que hay hoy en el mundo”, en decenas de conflictos que, tristemente, “siempre ponen a los niños”.

La ópera original apenas dura 30 minutos, pero se ha incorporado un argumento, una escenografía, un vestuario y una iluminación que va “más allá del cuento y la música” para construir “nuestra particular lucha contra el miedo”, sentimiento que ha tratado de transmitir a los jóvenes cantantes, que, según afirma, “van a sorprender al público”. En este sentido, el proyecto cuenta con toques de actualidad, ya que “queremos que los niños que vean el montaje sepan que aquel dolor del Holocausto también está presente hoy en las guerras y en otras situaciones, y que la música es una de las armas que tenemos para luchar contra él”, apunta el director escénico.