Pedro Zabalza, crítico de Diario de Noticias, publica hoy su reseña crítica sobre el montaje de El amor del gato y del perro en Diario de Noticias. Si pincháis aquí, podréis verla en Internet. Yo os ahorro ese esfuerzo y la vuelco en el blog.

El amor del gato y del perro

Autor: Enrique Jardiel Poncela. Dirección: Víctor Iriarte. Intérpretes: Nerea Bonito, Javier Baigorri. Lugar y fecha: Teatro Gayarre, 19/11/07. Público: lleno.

Si algo hay tan característico del otoño como la caída de la hoja es la subida de Don Juan a los escenarios. En el Gayarre, tal ascenso se produce este año con un poco de retraso, así que, para calmar el hambre de Tenorio, se nos sirven unos aperitivos. Como ya no se estila lo de los entremeses en medio de las obras, se ha programado con unos días de antelación una pieza que realiza esa función saciadora. El amor del gato y del perro se anuncia como una especie de parodia, aunque con ciertas pretensiones educativas, de la mítica figura del conquistador. La firma el gran comediógrafo, y émulo de Don Juan en sus ratos libres, Enrique Jardiel Poncela. Tal vez el donjuanismo sea el tema de toda la obra de Jardiel, como oportunamente señaló el profesor Eduardo Pérez Rasilla en su prolijo, si bien interesante, comentario introductorio. Una condición muy oportuna ésta de la prolijidad tratándose de presentar a Jardiel, por cuanto los prólogos que éste escribía para sus obras, especialmente sus novelas, tenían una longitud que casi podía rivalizar con la extensión de éstas.

Precisamente en uno de esos prólogos, en el de Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes? (escrito que el autor subtitula Novela del donjuanismo), Jardiel realiza lo que el llama el Ensayo número 27.493 sobre Don Juan. Me he tomado el trabajo de leerlo y, tras divertirme bastante, extraigo la conclusión del propio autor sobre el gran seductor: “Don Juan es un idiota”. Para que no se piense que es la envidia la que habla por su boca, o escribe por su pluma, añade a continuación: “Hace falta ser un idiota completo para vivir pendiente exclusivamente de las mujeres”. Arrea. Y añado yo: muchos viven así y ni en sueños pueden compararse con Don Juan. Aunque tal vez sí que sean, seamos, idiotas.

Volvamos a El amor del gato y del perro. Jardiel la califica de “coloquio”, y es de lo que se trata: una pieza construida en forma de diálogo entre una ingenua jovencita, ansiosa de saberlo todo sobre el amor, y un maduro escritor entendido en el tema. Cuando en una obra de teatro, y seguramente también en la vida real, tales individuos hablan sobre el amor, es seguro que la situación se construya sobre ese recurso llamado tensión sexual, sea resuelta o sin resolver. Algo de eso hay, pero Jardiel parece más interesado en dar forma ingeniosa a sus divagaciones sobre las relaciones entre hombres y mujeres que en construir una trama que merezca tal nombre. No obstante un par de buenas situaciones de comedia y algún chiste de antología (suficiente para una obra tan corta) justifican una revisión del texto.

Nerea Bonito realiza una interpretación llena de matices y de inflexiones sin apartarse del coherente tono de “muchachita curiosa pero con misterio” tan jardielesco. Javier Baigorri le da la réplica con un tono más lineal, pero apropiado para el experimentado galán creado por el autor como trasunto sosegado de Don Juan (y, en cuanto escritor experto en el amor, podemos suponerlo también trasunto del propio Jardiel). Ambos están bien dirigidos por Víctor Iriarte, que imprime ritmo a este texto de acción bastante difusa, haciendo que se vea con agrado.