Compañía: Ur Teatro. Autor: William Shakespeare. Dirección: Helena Pimenta. Intérpretes: José Tomé, Pepa Pedroche, Óscar S. Zafra, Javier Hernández-Simón, Tito Asorey, Belén de Santiago, Anabel Maurín. Lugar y fecha: Olite. Escenario de La Cava. 29/07/11. Público: lleno.

Un Macbeth visionario

Decir Ur Teatro es casi como decir Shakespeare. Pocas compañías se han dedicado tanto y con tanto acierto al autor inglés como la que dirige, hasta ahora, Helena Pimenta. Desde aquel Sueño de una noche de verano, lleno de gracia y misterio, que marcó, y de qué modo, los inicios de la compañía, hasta este Macbeth, el grupo no se ha cansado de explorar nuevas y arriesgadas vías de presentar al clásico sin traicionar por ello un ápice de su esencia.

En esta ocasión, nos proponen un Macbeth en el que otros géneros se cruzan o, por lo menos, asoman más de medio cuerpo hacia el interior de los muros del castillo de Dunsinane. Aparentemente comprimida en texto y actores, esta compacta versión recupera la debida espectacularidad de la corte escocesa o del asalto a la fortaleza de Macbeth en la batalla final gracias al uso inteligente, tanto desde el punto de vista narrativo como estético, de la tecnología. Una pantalla traslúcida separa el primer término del fondo. Sobre ella (pero también por detrás, con algún tipo de técnica holográfica) se proyectan las imágenes que completan el universo de la obra shakespeariana: las brujas, claro, y las alucinaciones de Macbeth; pero también las tropas inglesas, o el banquete que ofrece el recién coronado rey de Escocia. En suma, lo virtual puesto al servicio del teatro para completar aquellas partes en las que el uso de lo tangible se habría hecho especialmente difícil. Pero además, el tratamiento de la imagen, con ese blanco y negro algo verdoso, que le da un matiz añejo, como de película clásica, casa muy bien con la ambientación general de la obra, inspirada en los tiempos de la Primera Guerra Mundial, cuando la guerra abandonó definitivamente la máscara de la ficción caballeresca para mostrarse con su verdadera cara, sucia y penosa.

La pantalla separa de algún modo la ficción de la realidad. Aunque no de modo claro: hay personajes que comienzan de un lado para luego terminar en el otro; u objetos que atraviesan la barrera como si fuera algo evanescente, como los cuchillos con los que se apiola al rey Duncan. Todo esto da un aire de irrealidad a la acción, añadiendo más confusión a la que ya tiene Macbeth en su cabeza. No solo parecen visiones sus visiones “reales”, sino que la realidad comparte esa naturaleza ilusoria. La palabra “visionario” viene muy bien a este montaje, en su doble acepción de ver cosas quiméricas y de adelantarse a lo porvenir.

Helena Pimenta incorpora también a este Macbeth la solemnidad de la ópera. El Coro de Voces Graves de Madrid se encarga de interpretar algunos pasajes de la pieza de Verdi basada en el texto de Shakespeare, junto con otras composiciones creadas por Iñaki Salvador. El resultado es muy sugerente. Las escenas se cargan de gravedad y la presencia del coro les añade, por si faltara, una ominosa sensación de tragedia inminente. Hay algún momento antológico, como el anuncio de la muerte de Duncan, con un escenario lleno que se desaloja repentinamente para dejar solo en él al desvalido infante Malcolm.

Helena Pimenta ha querido dar al montaje una intensidad interpretativa de alto voltaje. El protagonismo de Macbeth (José Tomé) es casi total, y solo Lady Macbeth (Pepa Pedroche) puede situarse a un nivel aproximado. Confieso que en la primera parte, hasta la muerte de Duncan, la actuación de Tomé me pareció algo declamatoria; muy enérgica, sí, pero un tanto forzada. No obstante, se hace progresivamente con el personaje para acabar con nota en el tono entre hastiado y mesiánico del final. Pedroche me parece impecable encarnando a una Lady Macbeth en la que la ambición no termina de ahogar otros rasgos de humanidad que también tiene el personaje. Y el resto del elenco, pues también muy bien. Me gustaría destacar la breve escena en la que Belén de Santiago hace de Lady Macduff, auténticamente sobrecogedora.