Pablo Ramos fue el invitado del último programa de El Apuntador, para hablar de la nueva ópera de cámara que va a presentar al público navarro en Navidades. Hoy aparece publicado un reportaje de los ensayos en Diario de Noticias, del que extraigo algunos datos.

Ópera de Cámara de Navarra (que es cada vez más musical, tiene poco de cámara porque mueve en algunos espectáculos hasta 54 personas y cada vez actúa más fuera de Navarra) ha reescrito El flautista de Hamelín respecto a la obra que estrenó en 2001, modificada casi en un 30%. El cuento de los Hermanos Grimm fue la primera producción de Ópera de Cámara de Navarra (OCN). “Es la primera obra que compuse para la OCN en 2001 y merecía la pena refrescarla”, señaló Íñigo Casalí, director musical y compositor.

El Teatro Gayarre acogerá el reestreno de la ópera el martes 23 de diciembre y el viernes 26 y el Auditorio de Barañáin el domingo 28 de diciembre. Están las entradas a la venta para ambos espectáculos.

Los protagonistas son el flautista (Txema Lacunza -barítono-), la rata Ñan Ñan (Alfonso García Noáin -tenor-), el alcalde y su esposa (César Hualde -tenor- e Irentxu Bartolomé -soprano-), Lacín (Eduardo Zibikoa), Jonás (Jesús Chocarro) y Bartabás (Juan Gallego). También intervienen los veinte niños del Coro Infantil de Kithara Haur.

“Es mucho más completa que la anterior, -explicó Casalí-. Es una ópera mucho más ligera, amena y divertida que la primera versión que escribí en 2001. He eliminado ciertos personajes que entorpecían la narración. Ahora son tres personas, en vez de una, las que intentan convencer al Flautista, y he dado un toque de swing a la parte de las ratas”. A la ligereza de los niños se deben sumar los miembros del coro y de la orquesta de la OCN que logran, bajo la batuta de Casalí, dar un aire de modernidad a la ópera. Éste es precisamente el espíritu de la renovada obra. “He querido también desarrollar la reflexión del flautista para conocer su punto de vista y entender por qué se arrepiente al final”, indicó el director musical.

La reflexión se ve además impulsada por la puesta en escena de Pablo Ramos que rompe con la tradición para caracterizar a los personajes, a través de sus vestimentas y de su nariz. “Los mentirosos tienen la nariz larga, los avaros curva, los orgullosos respingona, etc. Al final de la obra, cuando aprenden la lección del Flautista, pierden esa nariz. Además, el vestuario es más conceptual y los colores y las formas son específicos a la personalidad del personaje”, explicó el director de escena.

El equipo de la obra define el nuevo montaje como “una apuesta por personajes que se mueven entre el realismo de la escena y la magia de la música, inmersos en una escenografía sugerente que ha optado por la sencillez de las formas y de los materiales. La iluminación, de efectos teatrales, va desvelando poco a poco el comportamiento de los personajes, creando el efecto mágico tan característico de los cuentos infantiles”.

“El concepto de la obra es darle un aire nuevo con una componente de espectáculo, sin llegar al musical. Quería sobre todo marcar la dicotomía entre el bien y el mal. Hamelin tiene todos los defectos de la sociedad que sólo se mira a sí misma”, recalcó Ramos. Y es que, en el cuento de los Hermanos Grimm, el pueblo se niega a pagar al Flautista. De modo que, éste se venga llevándose a los niños, los que la sociedad más protege. “Es una obra cuyo protagonista es el pueblo. El toque especial para mí es el espectáculo que da el pueblo gracias al coro”, afirmó Casalí.