El Teatro Gayarre de Pamplona inaugura hoy por la tarde, a las 20.00 horas, la programación de verano con la reposición de dos obras breves, La sorpresa del roscón, de Elvira Lindo, y Dios, de Woody Allen.

Dirigidos por Miguel Munárriz, ambos montajes tuvieron un gran éxito de público con motivo de su estreno dentro del ciclo de Pequeñas obras de nuevos autores, de ahí que se reúnan ahora en una única sesión de poco más de una hora.

La sorpresa del roscón. Dirige Miguel Munárriz e interpreta Marta Juániz.
Dios. Dirige Miguel Munárriz, que interpreta un papel junto a Maiken Beitia, Nerea Bonito, Virginia Cervera, Marta Juániz, Juan P. Juanmartiñena, Ioseba Morrás, Pablo del Mundillo, Eva Azpilicueta, Leire Ruiz y Pablo Salaberri.
Precio: 6 euros.

El monólogo La sorpresa del roscón es una historia “delicisiosamente escrita” por Elvira Lindo, a juicio del director, que destaca, asimismo, el “maravilloso repertorio de voces y cuerpos” que despliega en escena la protagonista, Marta Juániz. Ésta da vida a Corina, una monja que, tras 15 años de vida misionera en Guinea, abandona los hábitos para casarse con un cámara de televisión. En clave de humor, el personaje irá contando al público los enfrentamientos que tuvo con su familia cuando volvió de la misión, sus historias con los hombres, sus relaciones familiares en Navidad y las sorpresas que éstas le deparan. “Es un texto muy bien escrito que te da la posibilidad de hablar de una forma muy cercana y cotidiana al público”, apunta la actriz, que también pone voz, a ratos, a algunas de las personas a las que se refiere en su relato.

En el fondo, como dice Miguel Munárriz, La sorpresa del roscón es la historia de la “gran incapacidad del ser humano para encontrar un receptor correcto para su amor”, para lo que la escritora utiliza mucho el humor, a veces “macabro”, pero humor al fin y al cabo.

Después de esta pequeña obra, se representará Dios, un texto de Woody Allen interpretado por “lo más granado del teatro navarro”. Y es que, esta historia requiere de un extenso reparto de once actores que interpretan hasta veinte personajes surgidos de la fecunda imaginación del autor neoyorquino. Uno de ellos es Pablo Salaberri, que da vida a uno de los alter ego que el escritor crea para “decir todo lo que piensa sobre la figura de Dios”. “A cada uno le otorga una actitud y a mí me ha tocado el cobarde y pusilánime”, bromea el actor, que califica la obra de “caos elevado al cubo”, no en vano, como indica Miguel Munárriz, Allen utiliza el recurso del teatro dentro del teatro “para contarnos lo que piensa sobre este tema a través de una farsa”. De este modo, hay momentos en que los personajes que están a punto de salir de escena coinciden con los que entran, formándose un lío fenomenal, aunque, eso sí, controlado.

En concreto, Dios es una comedia absurda y anárquica que se desarrolla en un teatro en el que se está ensayando una obra de ambientación griega cuyo final se resiste. Mientras, un grupo de espectadores y actores asisten al ensayo sorprendidos por lo que ven en escena.