Un hombre de negocios europeo y una intérprete se encuentran en una habitación de hotel de Kinshasa, la capital del Congo. Él está a punto de dejar la ciudad tras realizar distintos negocios relacionados con la compra de minerales pero se cuela en la habitación un anciano africano, a quien no conoce, que le ofrece a su hijo de 19 años para cualquier trabajo o servicio que pueda necesitar, con el objetivo de que lo saque del país.

La mujer traduce todas sus palabras, impasible, en un juego teatral delicado y sugerente, pues ese tercer personaje nunca aparece en escena. Una hora y 35 minutos de diálogo que aparentemente no conduce a ningún sitio pero que va desvelando misteriosamente mucho de esos tres personajes. Y se ve en la sala pequeña, en ocasiones a centímetros de los intérpretes. Un lujo.

La obra, claro, es de Lluïsa Cunillé, seguramente la autora más singular del momento, de la que vi hace un año en la misma sala del teatro Barcelona, mapa de sombras. La obra se titula Après moi, le deluge. “Después de mí, el diluvio”, las palabras que pronunció el dictador Mobutu pocas horas antes de abandonar el país que había rapiñado durante 30 años, tras triunfar el levantamiento contra su corrupto gobierno. Una una visión insólita y personal de la relación entre los llamados primer y tercer mundo que recomiendo vivamente.

En escena están Jordi Dauder y Vicky Peña. La dirección es de Carlota Subirós; la escenografía, de Max Glaenzel y y Estel Cristià. La iluminación, por cierto brillante, de Mingo Albir. El vestuario, de Marta Rafa Serra.

Es una coproducción del Centro Dramático Nacional y Teatre Lliure que se puede ver hasta el 6 de julio, de martes a sábados a las 19.00 horas y los domingos a las 18.00 horas.

Muy muy recomendable. Y feliz de mí que estoy en racha: después de la excepcional Incendies hace 15 días en el Teatro Español de Madrid y un notable El rey Lear del Centro Dramático Nacional el pasado domingo en San Sebastián, vuelvo a Madrid y disfruto de esta propuesta.