A Rafel Flórez su longevidad le dio tiempo para hacer muchas cosas. Entre otras, fue ensayista, profesor de Literatura Española en Alemania y corresponsal en varios países. Sin olvidar su presidencia de una asociación de amigos de la capa o la secretaría de la Academia de las Artes y las Letras de San Antón, cargo que ocupó a perpetuidad. Pero, por encima de todos esos quehaceres, Rafael Flórez fue periodista. Quienes lo conocieron lo recuerdan como uno de los cronistas más entrañables del Madrid del siglo XX. Así, José Rafael Bárcena lo evoca como “presidente de los ramonianos, los imaginativos; vicepresidente del Ateneo, del foro; cofundador de la tertulia Contra Aquello y Esto en el Café Gijón, de los gijónadictos“.

Y conmovido por el reciente óbito de Flórez, Bárcena añade: “Presidió en los últimos años de su vida, en la cafetería Hontanares, a los gentiles. Dirigió cursos y conferencias en la Universidad Complutense de Madrid y en los veranos de la Magdalena, en Cantabria. Su presencia en los foros culturales era notoria y requerida, ya que lograba con su buen humor, su simpatía, ingenio y su casticismo chipen alegrar las reuniones”.

El Alfaqueque, que llamaban sus amigos a Flórez, solía señalar que “alfaqueque”, según el diccionario de la RAE, era aquél que desempeñaba el oficio de redimir cautivos o liberar esclavos o prisioneros de guerra. Pero en el Casino de Madrid, donde fue presentado por el también periodista José Luis Yzaguirre Romero, sostenían que, en las posteriores ediciones de este nombre en el diccionario dentro de la definición de “Alfaqueque” también se incluyera a Flórez.

Más madrileño que Lope de Vega, en opinión de Ramón Gómez de la Serna, de quien Flórez fue epígono en la tertulia del café Pombo, el futuro cronista de la villa nació en la capital en 1926 (1936 según otros autores). Siempre sintió predilección por el Madrid de los últimos cafés -que podría situarse en los años 40- y también fue un personaje histórico de las tertulias del Gijón. “Soy partidario de la palabra viva, sin medios audiovisuales, y como hombre de radio prefiero que sea la palabra, la que conduzca la charla y vaya despertando el interés de los asistentes”.

Sin embargo, el Madrid de su juventud fue esa ciudad legendaria de Ava Gardner y Perico Chicote, “que también se portó con los periodistas. Era un hombre generosísimo, hecho a sí mismo, y cuando murió quedaron varias facturas sin pagar“, recordó Flórez en su presentación en el Casino mientras mostraba un libro escrito por el legendario barman: Ley mojada.

En lo que a la bibliografía de la que fue autor Rafael Flórez concierne, ésta fue especialmente dada a los protagonistas de la cultura española en el siglo XX. En ella sobresalen títulos como Madrid fetén (1964), Mío Jardiel (1965), León Felipe(1974) o Edgar Neville (1976). Verdadero experto en Jardiel Poncela, a este maestro de la comedia dedicó el periodista su obra teatral: Jardiel o Entre todos le mataron y él solo se murió (1973).

Hombre ponderado, empero su exaltado casticismo, Rafael Flórez fue uno de los pocos que siempre se atrevieron a reivindicar a los escritores del falangismo disidente, estigmatizados por sus orígenes ideológicos. Autores como Pedro Laín Entralgo, Dionisio Ridruejo o Luis Rosales, autores no juzgados debidamente en nuestros días, a los que Flórez conoció personalmente cuando todos colaboraban en la legendaria revista Escorial. Así, en una entrevista concedida a EL MUNDO en 2015, preguntado por Ignacio Amestoy, Rafael Flórez manifestó: “La Falange recuperó a Antonio Machado frente a los ministros intransigentes del general Franco”.

La tarea de Rafael Flórez también fue la recuperación de la memoria de los condenados al purgatorio del olvido. Con El Alfaqueque se va uno de los últimos representantes del Madrid de Edgar Neville.

RAFAEL FLÓREZ EN PAMPLONA. Rafael Flórez colaboró activamente, desde Madrid, al homenaje a Enrique Jardiel Poncela en el centenario de su nacimiento, en 2001, organizado por el Teatro Gayarre y dio una conferencia en el teatro pamplonés en 2003 sobre la figura de Antonio de Lara Gavilán “Tono”, uno de los miembros de lo que se ha conocido como “la Otra Generación del 27”. Había conocido y tratado a ambos escritores y puso gran empeño en difundir su obra y su legado.