El actor navarro Pedro Osinaga falleció la tarde del 30 de diciembre de 2017, a los 81 años en Madrid, donde fue enterrado al día siguiente.

Pedro Osinaga.

Pedro Osinaga, que nació el 15 de diciembre de 1936 en Pamplona, ha sido uno de los actores españoles más populares al haber recorrido con su compañía de comedias numerosos teatros, tal y como señaló el jurado del XV Premio de Teatro Pepe Isbert que le fue concedido en junio de 2011. Prueba de ello es que el actor protagonizó la comedia Sé infiel y no mires con quién, del dramaturgo inglés Ray Cooney, durante 14 años (entre 1971 y 1985), con constantes llenos. Osinaga también trabajó a las órdenes de Gustavo Pérez Puig en Estudio 1 de TVE en la mítica Doce hombres sin piedad (1973, en el entonces canal UHF), y era el único de esos doce intérpretes que seguía vivo. Intervino en películas como Don Juan (1974), Cuentos de las sábanas blancas (1977) o Réquiem por un empleado (1978).

Siempre estuvo muy ligado a su ciudad natal, en la que estudió música y desde donde, tras obtener una beca, se trasladó a Madrid para comenzar su trayectoria artística en el mundo de la zarzuela, principalmente como barítono. Entre sus últimos trabajos figura La extraña pareja, de Neil Simon, que protagonizó junto a Joaquín Kremel.

Osinaga, que procuraba no faltar en los Sanfermines, recibió la Medalla de oro al Mérito de las Bellas Artes en 1999, recibió la Butaca de Honor del Teatro Gayarre en 2007 y fue galardonado por la Asociación de Periodistas de Navarra en 2010, entre otros reconocimientos profesionales. El actor confesó en 1988 que su carrera profesional fue posible porque él abandonó el puesto en el equipo de fútbol regional de Pamplona en el que jugaba para irse a Madrid a hacer carrera como intérprete.

Dejó para las hemerotecas la frase con la que consiguió miles de titulares: “Mi única subvención son los aplausos de los espectadores”.

 

RESEÑA DE DIEGO GALÁN EN EL PAÍS. 

A los 81 años de edad ha fallecido en Madrid tras una larga enfermedad el actor Pedro Osinaga, que quizás haya sido uno de los intérpretes que más veces ha representado un gran éxito en teatro. En su caso, la modesta aunque divertida comedia británica, Not Now, Darling, que el traductor Nacho Artime, dirigida por Jaime Azpilicueta convirtió en España en Sé infiel y no mires con quién, que Osinaga mantuvo en cartel a lo largo de catorce años, sin que el éxito disminuyera en ningún momento a pesar de las más de 10.000 representaciones. Y ello a pesar de la poca confianza que la obra le daba al actor, dispuesto como estuvo a abandonar el proyecto antes de su estreno, aunque finalmente fue convencido por el productor a través de un porcentaje de la taquilla. Se convirtió en el éxito de su vida.

Aun cuando intervino en una veintena de películas –Amor bajo cero, Siempre es domingo, Las Ibéricas FC, Fulanita y sus menganos, Réquiem por un empleado…- se convirtió en un actor de gran popularidad gracias a sus interpretaciones en televisión, especialmente las zarzuelas o musicales con que comenzó su carrera como cantante a finales de los años cincuenta –Rio Magdalena, de Alfonso Paso y el maestro Parada, o Te espero en Eslava, de Luis Escobar, con Nati Mistral y Tony Lebanc, o Ven y ven al Eslava…- aunque también en papeles dramáticos que le dieron prestigio, destacando la versión de Doce hombres sin piedad que en 1973 dirigió Gustavo Pérez Puig, con Jesús Puente, José Bódalo, Luis Prendes, Manuel Alexandre, Antonio Casal, Sancho Gracia, José María Rodero, Carlos Lemos, Ismael Merlo, Fernando Delgado y Rafael Alonso, que ha acabado convertida en un clásico del Estudio 1 de TVE. Veinticinco años más tarde se haría una nueva versión en la televisión estadoundiense y Jack Lemmon obtendría el Globo de Oro por el mismo personaje del actor español, posibles comparaciones aparte.

Pero fue casi exclusivamente en teatro donde Pedro Osinaga obtuvo la mayor parte de sus galardones, entre otros la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes, los premios Rojas, Deia, Ercilla, el Pepe Isbert que concede la Asociación de Amigos de los teatros de España, y el de los periodistas de Navarra, que con él rindieron homenaje a su paisano. Dominaba el escenario en el que derrochaba la simpatía con la que conquistó al público al tiempo que el respeto de sus compañeros. No quiso abandonar la escena e interrumpir la función el día en que le llegó la noticia del fallecimiento de su hijo de veinte años en accidente de moto ni lo hizo tampoco tras sufrir durante una representación el ictus que finalmente le acabó apartando de su profesión. Fue actor de múltiples registros pero de una férrea pieza.