Algunas frases de la actriz protagonista, Miriam Iscla.

“El teatro consiste en hacer que una actriz se convierta en algo que la gente pueda creer”.

“El personaje existió, pero no intento imitar en ningún momento; sí intento comunicar la indignación desde la que hablaba ella. Esta exposición objetiva de las ideas, y su manera de vivir el conflicto checheno con Rusia, está impregnado de objetividad, indignación y de muchas cosas humanas como es el miedo, la obcecación por ser objetiva… Y todo eso no puede estar escondido dentro de una teatralidad digamos que falsa porque si no, no se produce la comunicación de la esencia de esta mujer. La batalla era ésta, y trabajando con Lluís Pasqual, que es un hombre de teatro con mayúsculas, fue la obsesión que él me pedía y yo quería conseguir. Y creo que se produce porque en el público se da este horror que comunica ella, por lo tanto, no hay pirueta teatral”

“Ni siquiera me pongo una base de maquillaje, solo unas gafas que recuerdan a ella y el pelo un poco cano. Es decir, no hay ni disfraz teatral. No se trata de poner máscara sobre máscara, en este caso solo soy un instrumento de la verdad de esta mujer. Es la dificultad de este montaje, la pirueta teatral es que no la hay. Se debe rascar en cada palabra y llenarla de lo que significa. Hasta la escenografía es soviética, no hay ni trampa ni sorpresa. Ha sido mucho el trabajo porque es agotador transitar constantemente en la verdad, pero tal como me dirigió Pasqual y tal y como está escrito el texto, lo que se dice es lo que es. Yo tengo constantemente imágenes del terror y el horror que se está contando pero, además, desde un sitio objetivo y periodístico, y eso duele a quien lo dice y a quien lo escucha”.

“Esta mujer lo que hace es ser objetiva, en ningún momento habla de buenos o malos, no se posiciona más que en su obsesión por perseguir la verdad, y exponerla para hacer que la gente piense y sean ellos los que decidan si es justo o no. Creo que la prensa lo tiene muy difícil hoy en día, cuesta mucho ser objetivo. Exponer para que la gente piense es el interés que debe tener la prensa, no que me reafirme en lo que piense porque ya lo ha pensado otro, sino que realmente la reflexión la tengo que hacer yo. Y la prensa está dominada por la política y ahora, creo yo, por la economía; lo que hace difícil que las tendencias periodísticas tengan una esencia objetiva. Yo solo digo: “Están haciendo esto rusos y chechenos, este es el horror que está viviendo este país”. Y eso hace que la amenacen, pero la pregunta es por qué, ya que todo el mundo sabe el final”.

 

Pero ella dice: “Yo me limito a contar los hechos, tal como son”. Parece la cosa más fácil pero es la más difícil, porque si tú cuentas lo que está pasando, a alguien le va a molestar. Pero es que ella también dice que no es ni una jueza ni una magistrada, no puede decir esto está bien o mal, o estoy a favor o en contra. Ella no hace eso, y además lo reivindica, y es lo que produce incomodidad en aquellos que no quieren que se cuenten las cosas”.

 

“Rusia se dedicó durante mucho tiempo a borrar fotos; con Anna se hizo lo mismo. Esta función termina preguntando a un político quién es Anna Politkóvskaya y su respuesta es que no sabe. Para ellos no ha existido, vamos a hacer que se borre y que no haya existido ese asesinato, que curiosamente tuvo lugar el mismo día del cumpleaños de Putin, qué curioso regalo. El caso es que hoy en día sigue el mismo presidente checheno, Ramzan Kadyrov, y también sigue Putin, la única que ya no está es ella. Por lo tanto, es un intento de borrarla de la foto, que es lo peor que te puede pasar, es un intento de hacer que eso no exista, ni Chechenia, ni Anna, ni una exposición de la verdad. Pero no solo Anna, porque en Novaya Gazeta, el periódico donde trabajaba, creo que tienen como cinco fotos en el hall de otros tantos periodistas que han desaparecido, por unos motivos o por otros, pero con el mismo rasero, el de esto no nos interesa; y cuando no interesa, se borra”.