La actriz norteamericana Carrie Fisher falleció el martes 27 de diciembre de 2016 a los 60 años después de haber sufrido un infarto el viernes en un avión, según ha confirmado la familia en un comunicado que difundió su portavoz, Simon Halls. La actriz interpretó a la princesa Leia en cuatro de las películas de la saga: Una nueva esperanza (1977), El imperio contraataca (1980), El retorno del Jedi (1983) y El despertar de la fuerza (2015). También hace un cameo en Rogue One, que se encuentra a finales de 2016 en las carteleras.

La actriz , que nació en el seno de la realeza de Hollywood, de Beverly Hills, hija de estrellas de antaño como la actriz Debbie Reynolds y el cantante country Eddie Fisher, llegó al centro médico de Los Ángeles el pasado viernes en estado crítico y horas más tarde fue trasladada de urgencias a la unidad de cuidados intensivos. Según revela el portal TMZ nunca volvió a estar consciente desde que sufrió el infarto.

Dave Prowse, el hombre que dio cuerpo a Darth Vader, y Billy Dee Williams, el Lando Carlissian de El imperio contraataca, expresaron su preocupación por Fisher, y lo mismo hicieron Riz Ahmed o Alan Tudyk, de la última película de este universo. “Usa la fuerza, cariño”, le dijo Joely Fisher, hermanastra de la actriz, parafraseando una de las constantes de esta saga. Junto a Fisher en el hospital se encuentran su hija, la actriz Billie Lourd, y su perro de compañía, un bulldog francés llamado Gary Fisher que la acompaña todo el tiempo. Ambos viajaban junto a ella en el vuelo United 935 procedente de Londres cuando sufrió el ataque cardiaco.

Fisher se encontraba en Londres promocionando su último libro, The Princess Diarist. Como gran parte de sus libros, este también es en parte autobiográfico, basado en los diarios de sus comienzos como actriz en una saga que la lanzó al estrellato con solo 19 años y de la que nunca pudo desprenderse. Allí se refería al romance que vivió con Harrison Ford: “Fue tan intenso… Éramos Han y Leia durante la semana y Carrie y Harrison los fines de semana”.

Carrie Fisher atravesó por varias dificultades personales a lo largo de su carrera y, aunque para muchos podría ser un tema tabú, ella hablaba abiertamente de sus problemas con el alcohol y las drogas. “Soy Carrie Fisher y soy alcohólica”, comenzaba su monólogo teatral Wishful Drinking sobre su biografía. La actriz sufrió una sobredosis y pasó por proyectos de desintoxicación. Esos años de excesos coincidieron con su turbulenta relación matrimonial con el músico Paul Simon tras un amago de boda con el cómico Dan Aykroyd.

Su estrella en el cine sólo brilló realmente en los títulos de Star Wars y en algunas películas de prestigio como Hannah y sus hermanas, de Woody Allen, o su extraordinario papel secundario en Cuando Harry encontró a Sally, con guión de Nora Ephron, si bien participó en numerosos títulos, en los que incluso parecía reírse de sí misma. Sin embargo, su recuerdo forma parte del imaginario colectivo de toda una generación que descubrió asombrada la saga galáctica y a una actriz de fuerte personalidad. Un recuerdo indeleble, como demuestra la masiva reacción de condolencia y lamento que se ha producido en las redes sociales al conocer su temprana muerte.

“Con un gran pesar, Billie Lourd confirma que su querida madre, Carrie Fisher, falleció a las 8:55 de la mañana [hora local de Los Angeles]”. “Fisher era muy querida en el mundo y será echada en falta. Toda nuestra familia agradece las muestras de cariño y las plegarias”, añadió la hija de la actriz.

Fisher estaba ingresada en un centro médico en Los Ángeles tras sufrir un paro cardíaco el pasado viernes mientras volaba de Londres a la ciudad californiana. El infarto le sobrevino minutos antes del aterrizaje y pese a la intensa atención inmediata que le prestaron en el avión algunos pasajeros comentaron que los que la asistieron tardaron más de diez minutos en restablecer sus constantes vitales.

MÁS QUE LA PRINCESA LEIA. Para muchos Carrie Fisher fue solo la princesa —o general— Leia de Star Wars. Craso error. La hija del cantante crooner Eddie Fisher y la octogenaria Debbie Reynolds, protagonista de Bailando bajo la lluvia, ha sido parte de Hollywood desde el día de su nacimiento hasta la noticia de su muerte este martes tras días de incertidumbre en el hospital.

Porque Fisher no solo merece reconocimiento por su trabajo como actriz o por reírse de su vida en las revistas del corazón, sino también por su trabajo como una de las guionistas a la sombra más codiciadas de Hollywood. Todos la querían para mejorar sus libretos. Y había más facetas en las que brillaba en la meca del cine: no había mejor entrevistada que ella, siempre sincera, divertida y dispuesta a soltarlo todo. Por eso, es de justicia recordar algunos de los mejores momentos de Carrie Fisher sin sus ensaimadas en el pelo. “Tenía una cara muy ancha. ¿Sabéis qué era la mejor idea: ponerme un peinado que hiciera más gordo mi rostro?”, ironizaba en su libro Wishful Drinking.

La legendaria princesa Leia debería ser recordada por Hollywood también como una guionista todoterreno. Ya en el rodaje de las primeras Star Wars, la joven Fisher se encargaba de reescribir los diálogos de sus personajes. Así empezaba una carrera por la que nunca se le reconoció lo suficiente. La actriz fue durante la década una muy activa script doctor, ese rol tan poco valorado de los revisores de guion no acreditados. Por sus manos pasaron libretos como Hook, de Steven Spielberg; Sister Act, Arma Letal 3, El chico ideal e incluso las precuelas de la Guerra de las Galaxias. Alguna vez, al menos, le daban cameos para agradecer su trabajo. Su vida como escritora era lo suficiente lucrativa, reconocía entonces, pero era una agente a sueldo, formando parte del equipo de varias galas de los Oscar.

Su gran éxito como escritora, sin embargo, fue Postales desde el filo, el libro semiautobiográfico sobre la conflictiva relación con su madre. El guión también lo adaptó ella, aunque bajo las órdenes de Mike Nichols. Su rostro en pantalla era el de Meryl Streep. Su madre, Shirley MacLaine. Y, claro, Streep fue nominada al Oscar. “Después del estreno, tenía que sufrir la decepción diaria de mi familia y amigos cada vez que no era Meryl”, bromeaba.

Su otra gran obra es Wishful Drinking (conocida como Bendito Alcoholismo en España), unas memorias que convirtió en monólogo itinerante y especial de HBO. Fisher transformó el escenario en su casa y se atrevió a hablar de su complicada familia, sus adicciones, su afición por el electrochoque contra la bipolaridad, su relación con Paul Simon (y las canciones que le dedicó) y, sí, cierto resquemor por Star Wars. “Mi vida se resume en una frase: si no fuera graciosa, simplemente sería real, y eso es inadmisible”. Este mismo 2016, la actriz publicó The Princess Diarist, memorias donde desveló, por ejemplo, que tuvo una relación amorosa con Harrison Ford. Después de su muerte, además, se ha hecho público que ya preparaba una secuela a su monólogo.

La promoción en Londres de este último libro es lo último que hizo antes de volar a Los Ángeles. En el programa de Graham Norton desengranó su lío con Han Solo. Era una de las mejores entrevistadas de cualquier talk-show. No tenía tapujos: lo mismo hablaba del tratamiento de electrochoque que borraban su memoria que recomendaba a Daisy Ridley cómo tratar a los hombres que se masturbaban imaginándosela.

Su sinceridad la hizo un gran ejemplo de la enfermedad mental, cuando la bipolaridad no tenía ni nombre. Se jactaba en su monólogo incluso de aparecer en un libro de texto sobre la enfermedad. “Soy un dispensador de caramelos Pez y salgo en un libro de texto médico ¿quién dijo que no lo puedes tener todo?”. Ella explicó su psicología en vivo a la periodista Diane Sawyer: “Veo ciudades favoritas al otro lado de la ventana”. “Toda la vida he esperado para que me dieran un premio como actriz o guionista, y ahora recibo todo tipo de premios por estar enferma mental. Parece que soy muy buena en ello”. Star Wars tampoco escapó de sus constantes bromas, ni por supuesto George Lucas: “Soy una alcohólica, porque él arruinó mi vida (…) Le dije que a ver por qué no llevaba sujetador y me contestó: ‘no, porque en el espacio no hay ropa interior”.

“No quiero que la vida imite al arte. Quiero que mi vida sea arte”. Su existencia dio a Carrie Fisher suficiente material para escribir libros y libros. Cuando tenía meses, su padre abandonó a su familia para ir a consolar a la viuda Elizabeth Taylor. “Primero le dio un pañuelo, luego le regaló unas flores y al final le consoló con su pene”, contaba la hija que en 2001 reunió a ambas actrices en el telefilme These old broads. En otro de sus momentos traumáticos, su madre la sacó del colegio para convertirla en su corista, y, aunque siempre se arrepintió de esta decisión con su complicada madre, sus cualidades vocales permanecieron —poco explotadas— tras su adolescencia.

Su primer amor famoso, antes de un esposo estrella de folk y su marido homosexual, fue Dan Aykroyd, con quien compartió una divertida y alocada escena en Granujas a todo ritmo, aunque como pareja del imparable John Belushi. Uno de sus mejores cameos.

Y si hablamos de cameos, no podemos olvidar los que hizo en televisión. En Weeds, The Big Bang Theory, Sexo en Nueva York y, en particular, el homenaje que le hizo Tina Fey en 30 Rock (por el que fue nominada al Emmy), al convertirla, como en la vida real, en su ídolo de la ficción. La mentora tan perturbada como la guionista protagonista, que se disfrazaba de Leia para escapar de sus labores de jurado. “Ayúdame Liz Lemon ¡Eres mi única esperanza!”.

En los últimos tiempos, Fisher ha parido a otra gran estrella de las redes sociales: su perro Gary, que le acompañaba a cada entrevista, tenía una cuenta de Twitter e incluso se coló como actor en su último trabajo: la serie Catastrophe, donde interpreta a la suegra de Sharon Horgan. Porque no solo queda por ver a Fisher en el episodio VIII de Star Wars, también Catastrophe le tiene guardado algún capítulo de la inminente de la tercera temporada. Una serie adorable y divertida que supo sacar partido del talento cómico de la actriz de vuelta a Londres para ser Leia. También quede por escuchar su voz en un par de episodios de Padre de familia, donde suma una veintena de apariciones.

Fisher deja, además, su testigo a su hija Billie Lourd, actriz en la serie Scream Queens y también en las nuevas cintas de La guerra de las galaxias, en cuya última entrega ha prometido tener un papel expandido. En ambas producciones rinde homenaje a su madre con moños y orejeras que recuerdan al icónico y odiado peinado que le puso Lucas. Carrie Fisher será ese pelo para muchas generaciones, pero también era mucho más. Merece la pena recordarlo.