La lengua en pedazos. Compañía: La loca de la casa. Autor y director: Juan Mayorga. Intérpretes: Clara Sanchís y Pedro Miguel Martínez. Lugar y fecha: escenario de La Cava de Olite. 24/07/12. Público: tres cuartos de entrada.

Cocinera antes que monja

ENTRE pucheros anda Dios”: es la frase que Juan Mayorga toma prestada de Santa Teresa de Jesús para iniciar La lengua en pedazos. Es una síntesis perfecta de devoción y de conocimiento mundano que define al personaje. Mayorga, no obstante, no pone la frase en boca de la santa, sino en la de su antagonista en esta ficción: un inquisidor enviado al convento de la fundadora de las carmelitas descalzas con la aviesa intención de desmontar su proyecto y enviar a la religiosa bien a otro monasterio donde la metan en vereda, bien al cadalso, dependiendo de la docilidad de la santa abulense y del estado de ánimo del clérigo. La obra se construye así como el diálogo entre dos personalidades divergentes, a través de cuyos lances verbales vamos penetrando en el alma (en el “castillo interior”, según las palabras de la propia Teresa) de los personajes. Una estructura dramática semejante, por ejemplo, a La cena de Brisville, en la que no hace tanto Flotats y Carmelo Gómez nos presentaban a los corruptos Tayllerand y Fouché. La acción permanece en un segundo plano, o consiste más bien un duelo por doblegar la voluntad del otro. Queda escondida detrás de las figuras de los protagonistas, cuando estos tienen interés y, por supuesto, cuando hay un autor que sabe construirlos.

En lo que al autor respecta, las credenciales son inmejorables: Mayorga es uno de los mejores dramaturgos españoles actuales, sin duda. Tal vez a veces subordine la acción al discurso, pero su teatro es fecundo en ideas y brillante en la forma. Sorprende a priori la elección de los personajes de esta nueva propuesta en el caso de alguien que lleva tiempo fraguando su escritura en el molde del compromiso social. La lengua en pedazos tiene un caparazón de espectáculo íntimo que amortigua la violencia de la colisión intelectual que esconde en su interior. Y en el ojo de este huracán se encuentra asimismo una esencia reflexiva sobre el poder y la rebeldía: cuando el primero, por la boca de un inquisidor ahíto de discutir con una monja resabiada, se despide de esta augurándole que sus fieles terminarán por dejarla sola, sabemos que, detrás de la aparente derrota, la victoria final caerá del lado de la religiosa rebelde.

Mayorga ha tomado para construir los diálogos de Santa Teresa los escritos que dejó esta en su Libro de la vida. Se trata de una autobiografía en la que la religiosa recuerda su infancia y su vida antes de tomar los hábitos, y continúa con la justificación de su vocación y sus experiencias místicas. El lenguaje es al tiempo sencillo y cuidado, y rezuma sinceridad en los fragmentos dedicados a su propia vida. La parte religiosa tiene, por supuesto, el atractivo de lo sobrenatural y está muy bien contrapuesta con el descreimiento recalcitrante del inquisidor.

Clara Sanchís saca petróleo de las palabras de Santa Teresa pasadas por el tamiz de Mayorga, y ofrece una interpretación cargada de una intensidad que por momentos roza el alma del espectador (pese que la luz diurna y el ruido circundante dificultan un tanto concentrarse en el espectáculo; aunque el horario de este año es una bendición para los que madrugamos). Al personaje del inquisidor se le ven al principio las costuras de estar construido para que la santa pueda colar su discurso. Sus palabras suenan ahí con un ligero chirrido de artificiosidad. No obstante, va creciendo gradualmente hasta transformarse en un verdadero adversario, en un enemigo con un discurso propio y enfrentado al de Teresa. Si el trabajo de selección y pulido de Mayorga en los parlamentos de Teresa es loable, casi más meritoria es la construcción de su antagonista, bien defendido por Pedro Miguel Martínez. Únicamente le pondría el pero de la renuncia final a castigar a la religiosa, casi una espantada opuesta al planteamiento mantenido por el personaje a lo largo de toda la obra y que suena un poco a cierre en falso.