El Teatro Gayarreva programa hoy jueves 22 de marzo (8 tarde) el estreno absoluto del montaje teatral de La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde, una producción de la Fundación Municipal Teatro Gayarre dirigida por el director de escena y autor navarro Alfredo Sanzol, que cuenta con un elenco conformado por los actores y actrices José María Asín, Iratxe García Uriz, Txori García Uriz, Marta Juániz, Patxi Larrea, Pablo del Mundillo, Aurora Moneo y Leire Ruiz. La adaptación de la obra es del propio Alfredo Sanzo ly José Padilla; la escenografía y la iluminación es de Tomás Muñoz; y el vestuario de Alejandro Andújar.

Alfredo Sanzol (1972) se ha convertido en uno de los dramaturgos jóvenes más destacados del panorama escénico nacional. Espectáculos como Risas y destrucción, Días estupendos, Sí pero no lo soy o más recientemente Delicadas y En la luna le han servido para crear un estilo propio y personal, caracterizado por su peculiar humor, su interés por el pasado reciente y las piezas construidas a base de escenas y pinceladas. En la actualidad se encuentra nominado a los Premios Max de la Artes Escénicas por la obra Días estupendos  en la categorías de mejor autor teatral en castellano, y mejor director de escena.

Aunque en español siempre se ha preferido el título La importancia de llamarse Ernesto, lo cierto es que la obra se titula The importance of being Earnest, que debe traducirse, literalmente, como La importancia de ser formal, pero su título suena igual en inglés que si se escribiera The importance of being Ernest y Wilde, obviamente, juega con esta igualdad fónica. En inglés tiene un doble sentido, que se pierde en la traducción, ya que el nombre Ernest y la palabra “earnest”, serio o formal, son homófonas, es decir suenan igual fonéticamente. En varias versiones traducidas, como la de Alfonso Reyes, La importancia de ser Severo, el nombre del protagonista cambia para conservar el doble sentido. En la versión en catalán, el título es La importància de ser Frank. En catalán «franc» (ambigua como la palabra «franco» en español) significa “honesto” y bien pudo llamársele en lengua castellana La importancia de llamarse Honesto pues es éste un nombre derivado del latín que está emparentado con el de Honorato y cuya traducción sería “noble”.

En última instancia La importancia de llamarse Ernesto es una divertida comedia de enredo que ahonda en la necesidad -en la sociedad victoriana de entonces pero también en la sociedad actual- de mantener una doble vida: es necesario llamarnos Jack y ser formales y correctos conforme a lo que se espera de nosotros, pero también, en ocasiones, es necesario llamarse Ernesto para poder sobrevivir. Siendo Ernesto una segunda vida actúa como válvula de escape y en ella que surge nuestro lado oscuro, el deseo, la transgresión. La importancia de llamarse Ernesto fue la última pieza de teatro que Wilde escribió. Se estrenó el 14 de febrero de 1895 en el Teatro St. James´s de Londres con el subtítulo: Comedia trivial para la gente seria.

La obra se estrenó en España el 3 de octubre de 1919 en el Teatro de la Princesa de Madrid, con el Sr.Navarro, Camino Garrigó, Concha Zeda y Mercedes Sampedro al frente del cartel. Volvió a representarse en el Teatro Centro de Madrid en 1924 por la Compañía de Enrique López Alarcón. Se repuso en el Teatro Alcázar, también de Madrid, en 1953, bajo dirección de Cayetano Luca de Tena e interpretada por Guillermo Marín, Nani Fernández, Gabriel Llopart, Esperanza Grases, Matilde Muñoz Sampedro y Rafael Bardem. En 1995, una versión de Luis Antonio de Villena es puesta en escena con Gemma Cuervo, Tomás Gayo, Mónica Molina, Jesús Vázquez, María Esteve y Luis Lorenzo. Más recientemente, fue llevada a escena con dirección de Gabriel Olivares e interpretación de Patxi Freytex, Fran Nortes, Yolanda Ulloa y Carmen Morales en 2007.

Para televisión, TVE realizó una adaptación emitida el 19 de abril de 1963 en el espacio Primera fila, protagonizada por José Luis Pellicena, Gemma Cuervo, María José Alfonso y Paco Morán. El 17 de diciembre de 1968, se emitió una segunda versión en Estudio 1, con Paco Valladares, Lola Herrera, Margot Cottens, Alfonso del Real, Rafael Navarro y Rosario García Ortega. La tercera y, por el momento última, adaptación para la televisión española data del 13 de marzo de 1984 en el programa La Comedia y estuvo protagonizada por José María Pou, Paco Lahoz, Pilar Barrera, Nina Ferrer, Irene Gutiérrez Caba, Aurora Redondo, Alfonso del Real y Santiago Mendizábal.

Sobre este montaje que ahora va a estrenar Alfredo Sanzol, el director de escena ha escrito lo siguiente:

“Dice Paco Nieva de La importancia de llamarse Ernesto que “es la comedia menos realista que cabe darse. Es como si se desarrollase en un sueño. (…) Es un perfecto sueño de teatro. Vamos de lo pequeño a lo monumental, de la anécdota a la categoría. En el teatro todo lo que es mentira es verdad. En el teatro hay que fiarse de las apariencias, porque las apariencias en el teatro lo son todo (…)”. Y dentro de estas apariencias se enmarca la historia del maletín que fundamenta el resto del argumento: En su día la Señora Prism tuvo un ligero despiste, y confundió al bebé que tenía a su cargo con el manuscrito de una novela que se encontraba escribiendo. Así que olvidó al bebé dentro de una maleta negra en la consigna de la estación Victoria, mientras en el carrito se llevaba cubiertas con una mantita las páginas de su libro. Esta es la atmósfera divertida y catastrófica de La importancia de llamarse Ernesto en la que Oscar Wilde retuerce las normas y la moral hasta convertirlas en parodia de sí mismas. La importancia de llamarse Ernesto es una comedia despiadada y excéntrica, perfecta, bella y onírica como la vida de una rosa en las extrañas paredes de un jardín vertical”.

Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde (Dublin 1854-París 1900), Oscar Wilde, es considerado uno de los dramaturgos más destacados del Londres victoriano tardío; además, fue una celebridad de la época debido a su gran y aguzado ingenio. Hoy en día, es recordado por sus epigramas, obras de teatro y la tragedia de su encarcelamiento, seguida de su temprana muerte. Hijo de exitosos intelectuales de Dublín, mostró su inteligencia desde edad temprana al adquirir fluidez en el francés y el alemán. En Oxford estudió en el curso de clásicos, llamado Greats; dio pruebas de ser un prominente clasicista, primero en Dublín y luego en Oxford; guiado por dos de sus tutores, Walter Pater y John Ruskin, se dio a conocer por su implicación en la creciente filosofía del esteticismo. También exploró profundamente el catolicismo −religión a la que se convirtió en su lecho de muerte−. Tras su paso por la universidad se trasladó a Londres, donde se movió en los círculos culturales y sociales de moda. Como un portavoz del esteticismo realizó varias actividades literarias; publicó un libro de poemas, dio conferencias sobre el Renacimiento inglés y después regresó a Londres, donde trabajó prolíficamente como periodista. Conocido por su ingenio mordaz, su vestir extravagante y su brillante conversación, Wilde se convirtió en una de las mayores personalidades de su tiempo. En la década de 1890 refinó sus ideas sobre la supremacía del arte en una serie de diálogos y ensayos; e incorporó temas de decadencia, duplicidad y belleza en su única novela, El retrato de Dorian Gray. La oportunidad para desarrollar con precisión detalles estéticos y combinarlos con temas sociales le indujo a escribir teatro. En París, escribió Salomé en francés, pero su representación fue prohibida debido a que en la obra aparecían personajes bíblicos. Imperturbable, produjo cuatro comedias de sociedad a principios de la década de 1890, convirtiéndose en uno de los más exitosos dramaturgos del Londres victoriano tardío.

En el apogeo de su fama y éxito, mientras su obra maestra, La importancia de llamarse Ernesto, seguía representándose en el escenario, Wilde demandó al padre de su amante por difamación. Después de una serie de juicios fue declarado culpable de indecencia grave y encarcelado por dos años, obligado a realizar trabajos forzados. En prisión, escribió De Profundis,una larga carta que describe el viaje espiritual que experimentó luego de sus juicios, un contrapunto oscuro a su anterior filosofía hedonista. Tras su liberación partió inmediatamente a Francia, donde escribió su última obra, La balada de la cárcel de Reading, un poema en conmemoración a los duros ritmos de la vida carcelaria. Murió indigente en París, a la edad de cuarenta y seis años.