El pamplonés Alfredo Sanzol, autor y director de teatro, propone al espectador en su nuevo montaje, En la luna, estrenado el miércoles en Madrid, un viaje a sus primeros recuerdos, los que viven en el fondo de la memoria y que, en su caso, están impregnados de la España de la Transición. Los primeros recuerdos son “un terreno pantanoso y nebuloso”, pero son la base “sobre la que construimos el resto de nuestra memoria”, aseguró Sanzol durante la presentación de esta obra, una producción que se podrá ver en el Teatro de la Abadía hasta el 8 de enero.

Ese viaje a sus primeros recuerdos es también a la infancia de la democracia en España, que Sanzol pone en marcha a través de 15 piezas teatrales en las que, con su habitual dinámica de encadenar historias cortas, retrata las sensaciones de su infancia. El resultado, según aseguró el director de este teatro madrileño, José Luis Gómez, “deslumbra” pues los actores tejen la memoria personal y colectiva de esos años provocando la sonrisa en el espectador. “Más que historia es pura intrahistoria”, recalcó. La obra sitúa al espectador en la Luna, con vistas a la Tierra, y aunque los personajes no saben bien dónde están, más o menos les da igual, como ocurre cuando se es niño, indicó Sanzol.

Como reflejo de la década de 1970, En la luna pone en escena las diferencias entre hombres y mujeres y el papel de estas últimas en la sombra, “aunque mandaban mucho”, subrayó Lucía Quintana. La actriz indicó que los hombres y mujeres de este espectáculo presentan notables diferencias. “Nuestras madres y tías vivían en la sombra, pero gestionaban mucho, aunque no acababan de liberarse y tenían muchas frustraciones. Su papel es necesario reivindicarlo. El miedo a la soledad une un poco a todos los personajes y eso sigue siendo algo muy actual”, apuntó. La actriz opina que esta función tiene la virtud de “reconciliar” y “sanar”.

También está presente el recuerdo de la violencia que acompañó el transcurrir de esos años: “Había mucha pistola, las fuerzas del orden público, ETA, el GRAPO…”, rememoró Sanzol de sus primeros años en Pamplona. “Yo no entendía nada de la Transición, sólo sabía de los comentarios de los adultos sobre una realidad que no sabía qué era y que me producía mucha inquietud”. El autor explicó que escribir esta obra le ha reconciliado con los placeres que tenía de niño, aunque reconoció también que “los recuerdos están dormidos y mirar el recuerdo duele”.