El actor Walter Vidarte (Montevideo, Uruguay, el 18 de julio de 1931) falleció el sábado en Madrid. Siendo muy joven cursó estudios en la Escuela de Arte Dramático de Montevideo y formó parte de la Comedia Nacional Uruguaya, que dirigía Margarita Xirgu. Es en ese primer periodo de formación cuando Vidarte establece lazos afectivos con el teatro español, que heredó como discípulo de Xirgu, su maestra cuando ella se encontraba en el exilio. Ella le inculcó un gran amor por la dramaturgia española y de hecho le gustaba imitarla con una frase de La casa de Bernarda Alba que Vidarte soltaba a menudo, con ojos de loco y voz tenebrosa, con la que hacía reír a los compañeros: “Vamos a vivir tiempos terrrriblessss”.
“Era un actor muy inteligente, tenía esa aspiración de grandeza en la actuación, algo que heredó de su insigne maestra, quien marcaba a sus alumnos esa sed de llegar a lo más alto y trascenderse a sí mismos, él lo tenía en su manera de actuar y de trabajar un personaje. La misma grandeza la tenía como persona, con su generosidad hacia los compañeros cuando le gustaban, y al tiempo era un cascarrabias, pero entrañable”, comentó desde Buenos Aires, Alfredo Alcón. Vidarte, que prácticamente no tenía contacto con una mínima familia que le quedaba, se sorprendió cuando hace algo más de un año acudió a Montevideo, para recibir un importante homenaje que se le hizo, y conoció por primera vez a los nietos de sus primos.
En 1973 llegó exiliado a España, después de intervenir como actor en la famosa película de Sergio Renán La tregua, pero el motivo último que le empujó al exilio vino dado porque tras poner en escena la obra teatral Juan Palmieri, Antonio Larreta, fue amenazado por la Triple A. A partir de ese momento desarrolla su carrera en España, teniendo un gran éxito en su primer trabajo en teatro, en 1974, con la obra Hablemos a calzón quitado, de Guillermo Gentile.
Su primer trabajo en cine fue en Las truchas, con José Luis García Sánchez, que conocía la prestigiada trayectoria de Vidarte. Este cineasta afirmó ayer: “Cuando vinieron a España, en los años setenta, estos grandes que tuvieron que salir por pies perseguidos por las dictadura, como Walter Vidarte, Héctor Alterio y Lautaro Murúa, fue una desgracia para ellos, pero fue una gran suerte para el cine y el teatro españoles”, señaló García Sánchez.
A partir de ese momento trabajó en cine con Jaime Chávarri, Antonio Betancor, Alfonso Ungría (La conquista de Albania), Pedro Olea, Ernesto del Río, Julián Marcos, Félix Rotaeta, Carlos Saura, Mariano Barroso, Manuel Huerga, Mario Gas, Toni Abad y en La noche de los girasoles, de Jorge Sánchez-Cabezudo, trabajo este último por el que fue candidato en el año 2006 al Premio Goya al mejor actor revelación, lo que le supuso a la Academia de cine recibir muchas críticas, por lo disparatado del galardón cuando Vidarte era un primer espada de la escena.
Sus últimos trabajos, en el CDN han sido Ante la jubilación, de Thomas Bernhardt y dirección de Carme Portacelli, y dos montajes de Gerardo Vera, Madre Coraje y sus hijos de Brecht, y El rey Lear, de Shakespeare.
En teatro Vidarte contaba con grandes seguidores que acudían a los espectáculos en los que trabajara este actor, al margen del título que fuera. El director Lluís Pasqual, tanto en su etapa al frente del Centro Dramático Nacional, como en otras posteriores, contó con él para El público, de García Lorca, Tirano Banderas, de Valle-Inclán, Eduardo II, de Marlowe-Brecht, o Roberto Zucco, de Koltes.
Participó, entre otros trabajos en Manuscrito encontrado en Zaragoza, con texto y dirección de Francisco Nieva, Sigue la tormenta, de Enzo Cormann, dirigido por Helena Pimenta, y La vida es sueño, de Calderón con Emilio del Valle. En su última etapa se le vio en Barcelona, mapa de sombras, dirigida por Laila Ripoll, y Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen, dirigida por Vera, donde compartió escenario con Francesc Orella quien ayer exclamó desde Barcelona al saber la noticia: “Se ha ido uno de los más grandes”.